Lo que nuestros hijos recordarán

Los Reyes Magos de Oriente hacen su agosto en estas fechas

Somos conscientes de que estas fechas los centros comerciales se frotan las manos con la facturación más importante del año, padres estresados se vuelven locos por buscar los juguetes que más éxito han tenido en la campaña de Navidad y que están agotados e incluso terminan encontrándolos a precios muy superiores a los iniciales, es básicamente la ley de la oferta y la demanda, pero en este caso jugamos con algo muy importante: la ilusión de nuestros niños.

Año tras año, los expertos nos recuerdan la regla de los cuatro regalos de Navidad:

1. Algo que les sirva (como por ejemplo ropa, zapatos, una bufanda o unos guantes para el frío)

2. Algo que necesiten (por ejemplo, una mochila para el colegio, si la que utilizaban se ha quedado vieja o se le han estropeado las ruedas, ropa deportiva para una extraescolar que van a comenzar… etc)

3. Algo que realmente deseen (la lista que confeccionan debería reducirse a elegir el mayor deseo, un “capricho” que no compramos en el día a día)

4. Algo para leer (este es un regalo que siempre debería incluirse, tenga el niño la edad que tenga, porque la cultura siempre nos permitirá tomar mejores decisiones y en definitiva ser más libres)

Sin embargo, en esta sociedad capitalista en la que el consumo se nos graba a fuego prácticamente desde que nacemos es realmente difícil ir a contracorriente y cambiar las costumbres impuestas. Además, toda la familia compite por encontrar el mejor regalo, aquel que haga al niño feliz, (padres, abuelos maternos, abuelos paternos, tíos.. etc).

Pero, ¿qué recordarán realmente nuestros hijos?

Sinceramente, no van a recordar si recibieron 4 o 20 regalos, si nos gastamos 50 o 500 €, si jugaron más o menos tiempo con cada uno.

Muchas veces, lo que pasará además es que jueguen más con la caja, que les presenta todo un mundo de posibilidades, que, con el propio juguete, especialmente si es de los que hacen de todo, (se mueven, suenan, tienen luces), y dejan poco espacio para la imaginación del niño.

“Cuantas menos cosas haga un juguete, más hará la mente de un niño”.

¿Qué recordamos nosotros de nuestra propia infancia?

Recodamos sólo aquellos regalos que realmente deseábamos, o que simbolizaron un reconocimiento a nuestro esfuerzo por parte de nuestros padres, como por ejemplo una bicicleta, que quizá se relacionó con un buen desempeño en la escuela.

Los niños necesitan desarrollar su sentido de la pertenencia, y por tanto, recordarán cómo los miramos (sobre todo si fomentamos una conexión real con ellos, no tanto a sus notas o resultados).

Recordarán si jugábamos con ellos, el tiempo que les dedicamos, si los acompañamos a alcanzar sus logros, como por ejemplo el aprender a patinar o montar en bicicleta.

No recordarán si la casa estaba más o menos limpia, si había más platos por fregar o ropa por planchar.

Recordarán las risas, especialmente esas que suenan a carcajadas y que hacen saltar las lágrimas. Recordarán nuestras palabras de aliento, la sensación de seguridad a nuestro lado. Recordarán que podían confiar en nosotros, y calmarse cuando tenían miedo.

Esta Navidad intenta poner el foco en lo realmente importante: no te escapes para hacer colas en grandes almacenes y regresar a casa con más estrés del que te fuiste. Dedica tiempo a estar presente, en todos los sentidos: deja el móvil a un lado, los compromisos innecesarios, los besos obligados a personas casi desconocidas por tus hijos, y crea hermosos recuerdos.

Hay dos cosas que son las que más recordarán nuestros hijos y que seguramente nunca nos pedirán en una carta: nuestro tiempo y nuestro cariño. Ambas se hacen realidad de una forma sencilla: querer es poder. No olvides que también serán tus mejores recuerdos.