El desmadre de ser madre

Sarah Turner publica un libro en España. Tiene un blog sobre maternidad que es de los más leídos en Reino Unido

Tan descarada como realista y divertida. Así es SArah Turner y así se muestra en su famoso blog y ahora en el libro que se ha traducido al español y que sale estos días a la venta.

Ese sabio filósofo llamado Ronan Keating una vez nos dijo que la vida es como una montaña rusa, y estoy casi segura de que se refería a la paternidad. Es cierto que antes que tener hijos yo expresaba mucho más mis emociones. Incluso era conocida por gritar: «¡Escoge un carril, el que sea, gilipollas!», mientras conducía. También se me conocía por reírme histéricamente las noches de borrachera en que salía y por llorar ante el programa de televisión Tienes talento donde los participantes explicaban que era la primera vez que se habían atrevido a cantar desde que su gato había muerto.

Sabía que la maternidad traía consigo un amplio espectro de emociones. Pero nunca pude imaginar que conocería una montaña rusa emocional como la de los últimos cuatro años de mi vida y, en muchos sentidos, eso ha resultado ser el más duro de todos los ajustes. Lejos quedan los días buenos y malos: la vida es mucho más dura de clasificar emocionalmente ahora que soy mamá. Algunas veces me encuentro con todo el espectro de emociones en un día. Otras veces, encuentro todo el espectro de emociones en una hora. Es muy difícil presentir por dónde te va a atacar. (...) Y todo pasa factura, ¿no es así? Las risas, los llantos, los gritos, las preocupaciones y las nuevas risas.

No es sorprendente que los padres se sientan cansados. Ser padre es agotador emocionalmente, y tan impredecible, que en ocasiones echo de menos un poco de calma.

Echo de menos ir a trabajar y sentir un moderado estrés sobre los objetivos a alcanzar antes de volver a casa para beber una copa de vino sin preocuparme por cómo estoy cumpliendo mi otro papel —ese papel no remunerado pero mucho más importante, el papel que me ha puesto a cargo de criar pequeños seres humanos, el papel que ha transformado total y completamente mi vida. Recuerdo todos los momentos en que he declarado: «¡Preferiría estar en cualquier otra parte!» y, en el fragor de esos momentos, puedo aseguraros que así lo sentía. Y sin embargo, he llegado a comprender que, sin mis hijos, cualquier otra parte estaría vacía. Más tranquila, más predecible, menos gritona, con menos oportunidades de llorar en el baño del piso de abajo pero, en cualquier caso, vacía. Tal vez simplemente debamos aceptar lo impredecible. Asumir los momentos bajos más deprimentes junto con los momentos altos más eufóricos. Abrirnos paso a través de ese diluvio de días malos sabiendo que habrá días más brillantes y menos malos por llegar. Creo que Ronan tenía razón sobre la montaña rusa. Simplemente hay que subirse a ella.

Cuando tecleé en Google «Quiero recuperar mi antigua vida» durante una tensa pausa en la lactancia de las tres de la mañana, borré inmediatamente el historial de búsqueda de mi teléfono. Estaba avergonzada de mí misma porque, en realidad, no quería volver a mi vida anterior en absoluto. Estaba enamorada de los pies a la cabeza de ese maravilloso bulto pelón que era mi bebé y totalmente agradecida por haber formado una familia. Pero había ocasiones (como cuando ya me había levantado cuatro veces y el vómito del bebé se proyectaba desde su moisés) en las que no podía evitar pensar: «¿Qué he hecho?». Ocasiones en las que no podía dejar de gritar a mi marido: «No quiero volver a hacer esto nunca más. ¡Es una jodida mierda!»; cuyo rostro me decía que la aventura de tener un bebé tampoco estaba resultando exactamente como él la había imaginado. Algunos años más tarde, a pesar de que los momentos de magia aún estaban entrelazados con otros en los que todo era una mierda, había sucedido algo increíble.

Aunque todavía surgían destellos de continua desconfianza en mí misma, ya no creía realmente que estuviera sola por tener esos sentimientos. ¿Por qué? Porque resultó imposible ignorar lo que fue una abrumadora respuesta a mi cuenta en la red sobre esos altibajos de la paternidad. Lo que comenzó siendo un pequeño puñado de comentarios, se convirtió muy pronto en cientos; esos cientos se volvieron miles; y ahora, todos y cada uno de los días, mi buzón aparece abarrotado de mensajes de padres cuyas experiencias no son muy diferentes a las mías propias. Padres que se fustigan por no adorar cada segundo —algo que están seguros podrían hacer si no fuera todo tan condenadamente duro—.

Recuerdo que en una ocasión me burlé al oír definir la paternidad como «el trabajo más duro del mundo», pero eso fue antes de experimentarla, antes de haber acortado mi propia baja de maternidad para poder regresar a un trabajo a tiempo parcial, porque, sinceramente, no podía soportar estar en casa con el bebé todo el día. A menudo el nombre de mi blog suele ser malinterpretado. El «desmadre» para mí nunca ha tenido un significado peyorativo. «Desmadre», en mi opinión, suena maravillosamente natural, feliz y muy apropiado con la tarea de ser madre: eso que yo querría ser.

De modo que llamé a mi blog «El desmadre de ser madre», porque así era cómo me sentía en aquel momento: un poco como un fraude, como si no perteneciera a ese club. El poder escribir lo que me rondaba por la cabeza y leer a su vez a otros padres comentar: «Igual que yo», fue realmente increíble e inspirador a la hora de animarme a continuar (tanto con la escritura como con la maternidad, dado que desde entonces he tenido otro hijo). Este libro es para todos aquellos padres que me han enviado mensajes, y para muchos más. Es para los padres de cualquier parte. Madres, padres, madrastras, padrastros, madres de adopción, padres de adopción, abuelas, abuelos y todos aquellos que están a cargo de la crianza de una personita.

Creo necesario señalar que de ningún modo este libro pretende ser un manual de paternidad. Si lo que estáis buscando son trucos para hacer que vuestro bebé duerma su siesta a tiempo de poder ver Judge Rinder o una guía práctica sobre destete, tal vez queráis cambiar mi libro por uno de esos títulos al estilo de: «Cómo criar un hijo para que no sea un completo gilipollas». Este libro no gira sobre cómo ejercer la paternidad, qué material comprar o cómo debéis sentiros. Pero confío en que, de todas formas, lo encontréis útil. Más que cualquier otra cosa, confío en que os diga que, sea lo que sea lo que sintáis, podéis apostar hasta el último céntimo a que alguien más ha pasado por lo mismo y se ha sentido de la misma forma. De modo que aquí está. Mi relato sin censurar de cómo pasar de cero a dos hijos en el espacio de tres años. De la expectativa a la realidad. De los subidones emocionales a los bajones de «acabo de rescatar una caquita de la bañera con mis manos».

El nada apologético y sincero relato que habría deseado encontrar cuando, a las tres de la mañana, husmeaba desesperadamente en Internet en busca de foros sobre bebés. Estoy tratando con todas mis fuerzas de no emplear la palabra «travesía» en este momento, porque odio cuando la gente te da el coñazo sobre sus puñeteras travesías. Pero si uso la palabra entendiendo que no se trata de un concurso al estilo de Operación Triunfo, supongo que esta es mi travesía.

El libro de Sarah Turner, El desmadre de ser madre, ha vendido más de 150.000 ejemplares en Reino Unido. Y está ya en librerías en España. Ed. La Esfera de los libros.