Aquel verano sin mascarilla: Luis Quevedo: “En Tanzania, las hienas rozaban nuestras tiendas”

Luis Quevedo es periodista, emprendedor y científico, además de conductor del programa «El Método» de TVE. Envuelto en la nueva normalidad, no le importa reconocer que a nivel personal, el coronavirus le confinó junto a su mujer y a su hija en su pequeño apartamento, «con ansiedad y miedo, pero sobre todo preocupado por mis padres, gente de muy alto riesgo».

Como hombre de ciencia sabía de la envergadura de la crisis sanitaria pero, lo que sin duda más inquietud le produjo, al menos las primeras semanas, fue comprobar que «a nivel individual se ha demostrado que somos poco prosociables. Pensamos muy poco en el prójimo y me ha alucinado la poca solidaridad que he percibido. Soy muy activo en Twitter y he visto auténtico radicalismo en algunas posturas, o era blanco o era negro, algo que en una cuestión científica como ésta no tenía cabida».

Ante la actual situación de repunte de rebrotes, Quevedo espera que con la buena acción a nivel Gobierno, Comunidad y Local de las autoridades se controle la pandemia. No solo estamos viendo el daño económico generado por la Covid-19, sino también a nivel vida, que tenemos en mucha estima».

Este año las vacaciones se plantean distintas. Quevedo planea hacer una ruta en coche con «mi chica» y después viajar a Barcelona a visitar a la familia y a pasar unos dias de playa y relax. Lejos quedan de momento sus viajes por todo el mundo, como el que realizó hace diez años y que fue para nuestro protagonista «el verano de mi vida».

El escenario no podía ser más atractivo: Tanzania. «Acudí a rodar el primer documental sobre la historia evolutiva de nuestra especie («En busca del primer europeo») y tuve la gran suerte de hacer ese viaje no solo con mi chica sino con Eudal Carbonell, uno de los grandes expertos en Atapuerca». «Recorrimos el país de norte a sur, desde los volcanes, hasta los lugares típicos de la evolución del hombre y pasamos días con cazadores recolectores. Fue un viaje emocionante por la intensidad», asegura. «Para mi viajar es la mejor forma de disfrutar de unas vacaciones, no tanto a nivel turista sino de exploración, de conocer a nivel cultural un país. Fue una experiencia inolvidable. A pesar de la inseguridad de pasar la noche en mitad de la nada, con las hienas rozando la tela de las tiendas, pero con la tranquilidad de saber que sí las hienas estaban a nuestro alrededor, no había leones cerca», bromea.

«Con la excusa del documental, pude cumplir un sueño único, con el añadido de vivirlo con expertos en la historia de la evolución humana. Después hicimos una segunda parte del viaje a Arusa, la segunda ciudad en importancia de Tanzania. Allí ocurrió lo que no teníamos planeado que fue que nos quedamos sin un euro, con 29 años, instalados en un hotel cualquiera y haciendo trueques en los mercadillos locales para conseguir dinero. Negociando con pulseras, zapatillas que ya no queríamos, camisetas... Fue un momento muy feliz porque además extraoficialmente fue nuestra luna de miel, un viaje a los orígenes», relata. Un viaje que volvería a repetir, con su mujer, Marian, y su hija Lucía, a la que explicaría que el origen de su nombre está allí, en las huellas de un fósil icónico en la historia del género homo que se llama ‘‘Lusi'‘».