«No he perdido la esperanza de volver a andar»

MANOLO DE VEGA/HUMORISTA

Por una diabetes mal curada, hace siete años le amputaron una pierna y, uno más tarde, la otra. Y ahí está, en su silla de ruedas. Pero no acaban ahí todos sus males: tiene sesión de diálisis cuatro días a la semana, «y además –dice– estoy perdiendo vista, se me caen los dientes, tengo una mano, la derecha, que no me sirve para nada; lo de la mano fue por una mala praxis en una clínica, les denuncié, pero perdí el juicio por ir con un abogado de oficio...».

–No me lo explico, Manolo, con todo lo que ganó...

–Pues ya ve: eran los tiempos del danos y danos, tiempos en los que todo parece inagotable: la salud, el dinero... Mucho tabaco, mucha fiesta. Los ahorros se fueron con la enfermedad, todo se fue en clínicas y medicinas. No tenía Seguridad Social, no me había preocupado de eso nunca. Ya sabe: se gana dinero y no se ven nubarrones; el cielo siempre está azul.

Cobra 1.100 euros al mes de invalidez y jubilación, pero tiene que pagar 700 al banco por un crédito que pidieron para montar en Requena, donde vive con su mujer, Juani, una tienda de ropa infantil. La tienda fue mal, cerraron. Manolo de Vega, el hombre de los mil chistes y la gran voz, se encuentra en la ruina y enfermo. No es un juguete roto: es uno al que le han pasado tres trenes y una apisonadora por encima. Alguien le dijo, allá en Valencia, que no le contrataban «por el mal efecto que causa un inválido en silla de ruedas en el escenario».

–Muchos malos ratos...

–Todo el día es un mal rato: soy un humorista que da pena. ¿Hay algo peor? Pienso que no valgo para nada, lloro, me desespero... El otro día, una señora me vio en Mercadona, me dijo que me había visto en la tele y me compró cuatro yogures. «Tenga usted, para que coma». Le di las gracias, claro, pero me sentí tan mal, tan mal...

–En sus buenos tiempos se codeó con los más grandes. ¿Alguno le ha ayudado?

–Ninguno. Ni Julio Iglesias, ni la Pantoja, ni María Jiménez, ni Paulina Rubio, ni Chiquito de la Calzada... Ay, Chiquito, con la de veces que yo le daba mil duros para el puchero. Le propusieron que fuera a mi homenaje y se disculpó: «Es que me pilla mal...». Y así, con cien. He visto de verdad cómo es la gente de ingrata, olvidadiza y cruel. Y egoísta. Figuras que me deben mucho me han enviado cien euros. ¡Cien euros! Los que mejor han respondido han sido José Mota, Santiago Segura y Millán Salcedo. Sí, hay gente buena, pero la mayoría...

–Y ahí está Tony Antonio, la Asociación de Humoristas...

–Sí, Tony y la Asociación se están portando muy bien conmigo. Se mueven. Quieren hacerme una serie de homenajes por toda España. Otra asociación de Valencia me ha pagado la luz y el alquiler del piso alguna vez. Con las facturas de clínicas y medicinas se fue todo: las joyas, los coches, las casas. Yo tenía 80 millones en joyas, en oro, pero las malvendí por 32 porque tenía prisa, debía mucho. Te ven la urgencia, la necesidad, y eso es fatal. Menos mal que la familia de Juani nos llena la nevera.

Han querido que vaya a Cáritas, al comedor, «para que vean que se ayuda también a los famosos arruinados». Pero no se anima. Tuvo diez hijos con siete mujeres, y mientras él tuvo dinero, no les faltó de nada, «pero ahora les tengo que decir que no tengo ni para comer yo». Va a diálisis, almuerza, y un amigo le lleva de vez en cuando al bar cercano a tomar un café y fumarse un puro barato. «Y luego veo la tele tirado en el sofá; ésa es mi vida; soy un muerto en vida; actué en 1.300 programas de TV, tengo el récord, ¿por qué ninguna cadena me hace un homenaje, un programa especial, para que yo salga de esta situación? Ver la ingratitud, la falta de generosidad, duele más que perder las piernas».

–No sé si también ha perdido la esperanza...

–No, no he perdido la esperanza de volver a andar y a actuar. Para mí, el milagro sería poder comprarme unas piernas artificiales y que me arreglaran la boca. Las piernas cuestan doce millones de pesetas. Primero andaría con muletas y luego con un bastón. Con un bastón se puede salir dignamente al escenario, ¿verdad? Ya no daría pena, ya no tendría mala imagen, ya no les dolería mirarme... El trasplante de riñones puede ser pronto. Increíblemente, conserva el humor. Mostrando los muñones, dice: «La primera pierna se la llevó ''Tiburón 1''; la segunda, ''Tiburón 2''; ya no voy a hacer la tercera parte...». Su ángel es Juani, «me lleva, me limpia, me acuesta, me levanta, hasta me da de comer; por ella estoy vivo, por ella no me he suicidado; la quiero mucho». No es rencoroso, no odia a nadie: «Dios me dio la gloria, y Dios me la ha quitado». No echa de menos los huevos rotos de Lucio ni los solomillos del Asador Donostiarra. Hay días que sólo le ilusiona el Real Madrid. Del humor negro, al blanco.