OPINIÓN: Qué es más fácil

La Razón
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Qué es más fácil: perdonar pecados o curar paralíticos? Buen tema para una tertulia o debate entre creyentes que analizara reales problemas humanos y sufrimientos. Y digo entre creyentes porque el pecado solo puede entenderse desde una antropología cristiana. El pecado es un mal que destruye al hombre y a la sociedad; engendra tristeza, esclavitud, división, muerte. Por eso el creyente busca la curación del pecado con tanta o más hambre que pueda desear la curación de una enfermedad. Enfermedad y pecado atacan a la vida humana y son expresión de su debilidad: una simple célula deformada puede ser anuncio de muerte o de locura; una lujuria puede romper un matrimonio; un egoísmo u orgullo heridos nadie puede predecir en qué desembocarán.
¿Qué es más fácil? Muchos dicen: «si Dios lo puede todo, ¿por qué no evita el hambre, las catástrofes, la muerte...?; ¿dónde está el poder de Dios?». No quieren ver, porque no pueden, que es la libertad del hombre (don de Dios) mal ejercida la que causa el mal. Y Dios decidió «no poder hacer nada contra ella». Si Dios es «todopoderoso» es porque, a diferencia de nosotros, «puede perdonarlo todo», puede seguir amándonos sea cual sea nuestra condición y/o acción: su esencia es ser amor. No así nosotros: tras una ofensa o un mal que nos han causado podemos ser educados, guardar las formas… pero perdonar en profundidad, que realmente deje de existir la ofensa, no pasar factura... es imposible para mí y para ti. En el perdón y la misericordia es donde Dios muestra la talla de su poder, de su grandiosidad y de su infinitud. Desde aquí es desde donde puede y debe leerse el evangelio de hoy y el «milagro» de tantas personas que se han encontrado con el poder sanador de Dios.
¿Qué es más fácil? Mientras «... me cansabas con tus culpas, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados»; así habla Isaías al pueblo en el destierro. Este sí de Dios al hombre es lo que nosotros hemos conocido en Jesucristo. La fidelidad de Dios anunciada en el Antiguo Testamento es ahora, por la Encarnación de Jesucristo, gesto visible y voz audible: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Jesús miró el corazón del paralítico y le vio necesitado de salvación. La curación física es posterior y hasta quizás no sea ni necesaria… ha quedado «sanado» en su radicalidad.
«Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?», dice Isaías. ¿Qué es eso nuevo?: El perdón sin condiciones, la misericordia creadora, el gozo de una vida resucitada de la muerte. «Nunca hemos visto cosa igual», decían los paisanos del paralítico. Nosotros sí: es el milagro continuo que vemos tras cada conversión, tras el perdón sacramental de los pecados, tras en encuentro transformador y sanador con Jesucristo en la Iglesia. Por nuestras calles andan muchos paralíticos que necesitan de amigos que levanten las tejas y «les lleven a Cristo». No tengamos miedo de ofrecer este tesoro.

Luis Emilio Pascual
Capellán de la UCAM