Divisas devaluar o morir

La guerra entre EE UU y China destapa las debilidades de Norteamérica y el dólar reacciona con una progresiva devaluación en el mercado mundial

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Madrid- EE UU y China tienen en sus manos la posibilidad de evitar una guerra de divisas a nivel planetario. Sin embargo, ambas potencias siguen en sus trece y el tipo de cambio del yuan con el dólar ha variado muy poco desde que el Gobierno chino anunciara que iba a flexibilizar la cotización de su moneda en el mercado, el pasado 19 de junio.

El pastel que se reparte es el de las exportaciones, y la Unión Europea (UE) es, de momento, un expectador pasivo de la batalla entre los dos gigantes. La próxima cumbre del G-20 en Seúl será el escenario perfecto para comprobar si el enfrentamiento de posturas relaja su intensidad.


Un «colchón» de 2,65 billones
China, el mayor poseedor mundial de reservas en dólares con un «colchón» de 2,65 billones, lleva varios años sosteniendo de forma artificial la baja cotización de su divisa, el yuan, para favorecer sus exportaciones. La intervención estatal en el mercado ya ha derivado en un «efecto llamada» entre las economías emergentes y Occidente ha puesto el grito en el cielo. Si la política «de moda» es la devaluación, EE UU ya ha anunciado que también tiene mecanismos para combatir, aunque ello conlleve despertar el fantasma del proteccionismo.

Es precisamente esa hipótesis la que más preocupa a los economistas. La imposición de aranceles a aquellos países cuya política monetaria está basada en la devaluación de la divisa supondrá el fracaso de las labores diplomáticas, y lo que ahora es una batalla se convertirá en una guerra. Por suerte, la probabilidad de que EE UU logre el respaldo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) para establecer impuestos adicionales a los estados con monedas excepcionalmente bajas en el mercado es, de momento, improbable.

Ante la devaluación del dólar, el resto de países acusan a EE UU de imitar a China para ganar en competitividad, justo lo que el país critica. El euro marcó esta semana máximos de hace diez meses y llegó a superar el nivel de 1,41 dólares, lo que estimula las importaciones del viejo continente en Norteamérica.

En la UE, Alemania no ha dudado en alinearse con EE UU. La locomotora europea es un país exportador y la incertidumbre del mercado de divisas afecta negativamente a su estrategia aunque le compense un euro débil. En España, la guerra de divisas amenaza aproximadamente a la mitad de las exportaciones, que superaron los 158.000 millones en 2009.

La UE ha asegurado que no entrará en la batalla devaluadora y se centrará en las políticas presupuestarias de los países miembros. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, exigió ayer endurecer las sanciones a los países de la eurozona con déficit o desequilibrios excesivos y pidió reformas más estrictas para favorecer la disciplina presupuestaria.

El comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, alertó, por su parte, de que la «guerra de divisas» con los emergentes podría llevar a una nueva crisis «de naturaleza diferente, pero no necesariamente más suave».