Fernando Trueba: «La historia del cine es la lucha entre los artistas y el dinero» por Marta Robles

Fernando Trueba: «La historia del cine es la lucha entre los artistas y el dinero»; por Marta Robles
Fernando Trueba: «La historia del cine es la lucha entre los artistas y el dinero»; por Marta Robles

Fernando Trueba me recibe en ¿su despacho? Más bien es su rincón de trabajo, su escondite, y está a reventar de vídeos, DVD, carteles, objetos variados…, Cualquiera pensaría que es puro desorden. «¡Qué va. Soy superordenado. Cualquier cosa que haya aquí yo te la encuentro». Y seguro que no sólo la encuentra sino que después hace una película con ella y hasta gana un Oscar. Con la última, «El artista y la modelo», lo que ha ganado, de momento, es el Premio a la Mejor Dirección en San Sebastián y mucha libertad: «Es bonito conseguir hacer películas tan libres».
-Un día dijo que «el cine español es un montón de mierda del que surgen cosas hermosas»…
-Eso es algo que me ha dado algún disgusto, porque, como siempre, te sacan las cosas de contexto. Yo lo que decía era que todo el cine normalmente era muy malo y de vez en cuando surgía una película buena; y que lo mismo pasaba en la música, en la literatura, en los periódicos… Compras la Prensa: una mierda, pero de vez en cuando hay un artículo maravilloso que te reconcilia con el periodismo. Y lo mismo pasa con el cine y con la política. Los políticos son un desastre impresentable pero, joder, hay gente brillante que hace cosas por su país, por los ciudadanos. ¡Claro que los hay!
-Lo que ocurre es que últimamente casi se hace raro oír hablar bien de un político. Y hasta hace bien poco parecía que pasaba lo mismo con el cine.
-Pues yo no. Nunca he hablado ni bien ni mal del cine español. Recuerdo algún colega mío que decía: «El cine español es el mejor del mundo». Tamaña sandez no la he dicho en mi vida, porque además, no soy nacionalista y nunca hablo del cine en términos nacionales. No quiero hablar del cine español ni del americano, sino de películas. Por eso ahora he empezado a trabajar en un documental sobre los clásicos del cine iberoamericano.
-Grandes desconocidos para nosotros, ¿no?
-Sí, me he dado cuenta de que los españoles no saben cuáles son los clásicos del cine portugués, mexicano o venezolano. ¡Cada país ignora a los demás! Conocemos nuestra literatura. Todos sabemos quién es García Márquez, pero nadie sabe nada del cine colombiano. Todo el mundo sabe quién es Vargas Llosa, pero nadie sabe nada del cine peruano. Todo el mundo sabe quién es Borges, pero no se sabe quién es Leonardo Favio. Quiero hacer una película para remediar eso. Y en ella no pienso hablar de países, ni de banderas, ni de nacionalidades, ni de esa mierda. Voy a hablar de películas que yo creo que son muy buenas… Por eso, reitero, nunca he dicho «el cine español es una mierda», sino, «el cine es una mierda en general, como todo». Y en la mierda siempre surgen flores.
-Además de ese documental, está preparando la segunda parte de «La niña de tus ojos», ¿no?
-Sí, estoy escribiendo el guión. Pero más que una segunda parte, es una película independiente. Los personajes, dieciséis años después, a mitad de los 50 vuelven a encontrarse en la España de Franco y para rodar un filme con los americanos cuando venían aquí a hacer superproducciones.
-Qué morbo reunirlos a todos. ¿Cuántos años han pasado?
-Pues 15, pero, ¿sabes lo que pasa? Que cada vez que nos encontramos todos, ya sea Penélope o Antonio o Loles o la Sardá o Segura pues… para todos ha sido el mejor rodaje de su vida.
-¿Por qué?
-Porque nos lo pasamos tan bien… Trabajamos como bestias. O sea, muchas horas y días, pero todo el mundo estaba tan contento, a todo el mundo le gustaba tanto la película que estábamos haciendo y el grupo de salvajes que nos habíamos juntado. Yo lo llamaba así, «el grupo salvaje», y porque, claro, juntar a Loles León con Santiago Segura, a Resines con Jorge Sanz a Penélope con Neus Asensi, la Barranco… Con éstos puedes hacer cualquier cosa: atracar un banco, dar un golpe de Estado, construir una casa. Allí había gente para todo.
-De todas maneras, sus actores siempre hablan bien de usted. Aida Folch, protagonista de «El artista y la modelo», se pasa buena parte del filme desnuda, y ha dicho que sólo se hubiera desnudado con usted.
-Pues no lo sé. Supongo que le das la confianza y seguridad necesarias para hacerlo y no sentirse mal.
-Da la sensación de que usted ha debido sentirse especialmente bien y especialmente libre haciendo esa película.
-Lo más divertido en la vida es tener libertad y poder disfrutarla. Y en el caso de no tenerla, pelearte por ella. El cine es un arte que siempre, desde que se inventó, está sometido al dinero de alguna forma. La historia del cine siempre ha sido la lucha entre los artistas y el dinero para conseguir hacer cintas buenas. Esa lucha la tuvieron desde Chaplin y Stroheim a Orson Welles y cada uno la ha resuelto de una manera. Chaplin, siendo él el productor de sus películas para tener libertad absoluta; Orson Welles, dando tumbos por el mundo y pasándolo fatal; Truffaut y Allen, montando su pequeña productora para ser independientes.
-Usted ha producido «El artista y la modelo».
-Sí, pero no ha sido una película cara. Es, digamos, mediana. Y para ser una producción de época y rodada toda en exteriores, yo diría que es incluso modesta de alguna forma. Pero es un filme intimista, no una superproducción.
-Parece que los tiempos están para eso, para historias intimistas…
-No te creas. Porque, mira, ahí está «Lo imposible», que demuestra que el cine espectáculo siempre tiene mucho tirón. Yo he hecho cintas de bastante éxito y no una ni dos, sino unas cuantas. Luego he rodado cintas totalmente fuera de esa cosa comercial. O sea, cuando haces «El milagro de Candeal» o «Calle 54», sabes que estás en otra historia. Pero lo bonito es conseguir hacerlas porque son muy libres.
-Y muy de premio de culto, como el que ha recibido al mejor director en el Festival de San Sebastián, ¿no?
-Bueno, más que de premio, yo sabía que era minoritaria. ¡Estás haciendo una película en francés de mucho silencio, de mucha mirada!
-¿Y de la que esperaba más público del que por el momento ha recibido?
-No, no. Hombre, me habría sorprendido gratamente que hubiera colas, pero tampoco está hecha para eso. Pero me han pasado cosas muy bonitas con ella.
-¿Por ejemplo?
-El otro día hubo una charla sobre ella en el Thyssen con su director, Guillermo Solana, en conversación conmigo, que había preparado un trabajo muy bonito relacionando la película con cuadros, esculturas… Bueno, eso no ocurre muy a menudo. Y lo que más me ha emocionado es que Walter Salles, un director al que yo aprecio muchísimo y al que le tengo cariño, estuviera emocionado con la película y me escribiera algo hermosísimo sobre ella. Esas cosas al final son lo más importante de todo.
-¿Ya se la han descargado de internet?
-No creo que ésta sea mucho de descargar, aunque se descarga todo. Pero ésa es un batalla que doy por perdida y que van a librar por nosotros otros más poderosos.
-¿Quiénes?
-Las grandes compañías americanas, los grandes productores europeos, la Unión Europea, los jueces, la Policía… ¿Para qué me voy a desgastar yo?
-Pues a ver si pueden con el uso y la costumbre de los jóvenes…
-Si se las descargan y las ven, pues a lo mejor hemos ganado algo, pero es que creo que ya hay gente que ha entrado en la cultura del robo, pero sin disfrutar de lo robado. Vivimos en un momento del todo gratis y en la vida nada es gratis. Ni el matrimonio, ni morirte, que cuesta un pastón.

Personal e intransferible
Tiene 15 películas en su haber y todo tipo de premios, Oscar por «Belle Époque» incluido. Está casado, tiene un hijo que va cumplir 30 años y se siente orgulloso de su familia, aunque, paradojas de la vida, no sea un tipo familiar: «Siempre estoy hablando en contra de la familia de manera abstracta, no de la mía, sino de la institución». Ha dejado de leer política nacional, sigue la economía «aunque nunca la he entendido», y le gustaría que «cuando alguien gana unas elecciones y es presidente de un país, sea del partido que sea, elija a la gente más capacitada y no haga el Gobierno con los amigos del colegio, uno del partido o el que te votó en el Congreso». ¿Si va a hacer alguna película de la crisis? «No. Prefiero hacer una comedia para que la gente se ría y sea feliz un rato y pueda olvidar la angustia cotidiana».