La bomba

La Razón
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El siglo XI tiene la bomba atómica. Una bomba trescientas veces superior a las que explosionaron en Hiroshima y Nagasaki. Si la tendrá que hasta se ha alarmado la ONU. El temido criminal Mahmud Ahmadineyad visita con frecuencia la planta nuclear en Natanz. «Evidencias creíbles» y «fuertes indicios», asegura la ONU. O reacciona el siglo XXI, o la civilización occidental puede reducirse a unos pocos ejemplares para ser admirados en los zoológicos sitos en las ciudades de Alá. Ahora sí, la ONU reconoce y advierte de que los artefactos atómicos iraníes podrían ser lanzados con misiles capaces de alcanzar los Balcanes, el sur de Italia e Israel. Ahmadineyad ha dicho hasta la saciedad que no descansará hasta que Israel desaparezca del mapa. En ese aspecto está como Guillermo Toledo y algunos cejeros desvencijados por las circunstancias que se avecinan. La ventaja es que éstos tienen mucha cara, pero no bombas atómicas. Por ese lado, Israel puede sentirse tranquila.

Pero no con Irán. Y además, Irán tiene petróleo. Francia, Alemania y Rusia se oponen a un ataque conjunto contra las instalaciones nucleares de Irán. No se trata de atacar a Irán y a su población, sino de destruir lo que ya, hasta para la ONU, es un peligro para la humanidad. Sucede que Israel no va a esperar mucho tiempo, justo el que necesita Irán para acabar, eso sí, con la nación hebrea y todos los que la habitan. «Estamos preparados para situaciones incómodas, y si hay una guerra, no será agradable». Los israelitas saben ser sintéticos en sus vaticinios.

Israel es la muralla que defiende en Oriente Medio al mundo occidental. Tendrían que saberlo Sarkozy, Merkel, Medvedev y Putin, que es el que manda en Rusia. Quieran o no, los rusos del futuro serán tan occidentales como los americanos, los franceses, los alemanes o nosotros mismos, los españoles, si es que conseguimos no ser colonizados por Alemania y Francia. He tenido ese terrible sueño. Una España dividida entre «Spanien» y «L´Espagne». Superada la pesadilla me ha tranquilizado pensar que los franceses y alemanes también tienen sus líos y no son tan tontos como para buscarse uno más, y además de los gordos.

Está cantado. La Edad Media con la bomba atómica retará y atacará a la Edad Contemporánea. No existe posibilidad de diálogo, ni de acuerdo, ni de tranquilidad. Hay naciones árabes que hacen esfuerzos increíbles para adaptarse a la modernidad. Pero siempre existirá un Ahmadineyad, un Jomeini, un Ben Laden, un loco extraído de las penumbras del medievo dispuesto a terminar con los judíos y los infieles cristianos. Antaño tenían alfanges y hogaño tienen bombas atómicas. La diferencia es abismal. Y lo que es peor, aterradora.

Al final, Obama hará como Bush, como Clinton, como Reagan, como Bush padre, como Nixon y como Kennedy. Ofrecer la sangre de los suyos para que la egoísta Europa reaccione. No me he referido a Carter porque el tonto de los cacahuetes –calificado de «tonto» por su propia madre–, no sabría señalar a Irán en el mapa. Israel está en peligro de muerte, y una buena parte de las naciones occidentales, también. No se trata de atacar Irán. Se trata de destruir sus instalaciones nucleares. Se han dado cuenta del peligro hasta en la ONU, que tiene mérito.