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Aquel 5 de agosto de 1962

Nadie olvida el día que murió ni la huella que ha dejado en el cine y también en la vida de los que la vieron en la pantalla del cine 

No recuerdo la primera vez que supe de Marilyn Monroe, pero sé que el punto de partida fue la pantalla, sucumbir al poderoso magnetismo de su imagen. Después vino la leyenda, el mito forjado por igual a golpe de éxito y de tragedia, la estrella indiscutible condenada a la infelicidad. De su destello surgió mi obsesión por saber más de Norma Jeane. Lecturas, imágenes, vídeos, reportajes, exposiciones se han sucedido en mi vida, siempre de una forma casi casual, mágica, como si el destino pusiera facilidades para mi propósito. Poco a poco, las piezas del puzle fueron encajando y aprendí a leer entre líneas, a visionar poniendo en relación aspectos de su intimidad aparentemente inconexos, a inmiscuirme en su fetichismo, sus temores, supersticiones, gustos, manías y creencias, a contextualizar sus propias declaraciones, y las opiniones de quienes la trataron. Y el destino me ha regalado, también, el conocimiento de otras personas que, como yo, han creído conocerla. Entre ellos, Terenci Moix me descubrió a la verdadera actriz, Don DeLillo la razón de su influencia en artistas contemporáneos, Manuel Leguineche fuerzas políticas que ella subestimó. Cuando otra fascinante casualidad puso a mi alcance el material original de «Fragmentos», pude contrastar la íntima certeza de haberme acercado mucho a la persona real, y el secreto placer de difundir esta imagen tan alejada del mito. Los poemas, cartas y notas personales de «Fragmentos» son como una herida abierta a un ser extremadamente vulnerable, condenado a no verse nunca a la altura de lo que el público espera de ella, obsesionada con recoger las migas de cualquier gesto de amor, con pertenecer a algo, o a alguien, con una intuición especial sobre el lado oscuro de las personas y una sabiduría intuitiva absolutamente propia; un vendaval emocional. Hay cientos de historias interesantes que alimentan la leyenda de Marilyn Monroe, ninguna tan fascinante como la más infinitesimal de las contradicciones de Norma Jeane.

Elena RAMÍREZ
Editora de Seix Barral


«Me impactó como la muerte de Kennedy»
CLARA SÁNCHEZ, escritora

Me enteré de la noticia al regresar del colegio. Lo escuché en la radio. En mi infancia hubo dos fechas clave: la muerte de Marilyn y la de Kennedy. Ambas me produjeron el mismo impacto, porque eran seres que estaban en un mundo distinto al nuestro, como de otra galaxia, y no podía ocurrirles algo que sucedía en la vida real, como pudiera ser la muerte de una vecina. Les hizo más tangibles.
Como actriz siempre me ha gustado, incluso cuando decían que actuaba mal. A mí me parecía prodigiosa, porque tenía una ternura interna tremenda. Sabía expresar la debilidad humana que le salía por los ojos, y aquella preciosa sonrisa triste. Lo mejor de todo es que exhibía la fragilidad ante todos y nadie parecía darse cuenta. Era las antípodas de Joan Crawford, en el sentido de fortaleza, pero me parecía un ser prodigioso, de ahí que medio planeta se identificara con ella y no tanto por ser un «ser erótico», sino porque cada sonrisa, cada mirada desde la pantalla parecía dirigida a cada uno de nosotros. Lograba que empatizaramos con ella. Me fascina, en particular «Con faldas y a lo loco» y «El príncipe y la corista».

«Todo para los demás, nada para ella»
Francisco Brines, poeta
Debí de enterarme por la Prensa o por la radio de su fallecimiento y creo imaginar que me quedaría de piedra, al tiempo que sentí pena, porque, aunque no ha sido de mis actrices preferidas, mi admiración hacia ella radicaba en el interés que me producía la conflictividad de su vida. Era una cuestión más humana que cinematográfica. El impacto que me queda de ella es el de una vida accidentada y penosa, muy falsamente deslumbradora. Trágica. Mediáticamente disfrutó del glamour, pero la verdadera Marilyn –o Norma– debió ser muy intimista y muy respetable. Esa disociación la hace modélica en el sentido de que es una de las posibilidades del ser humano para abordar la vida: entre la apariencia y la realidad. Se debatió el mundo de los Kennedy pero también en el de intelectuales como Miller. El hecho de que se casara con él indica su deseo, su aspiración hacia un mundo más profundo y superior al que la vida le proponía. Sin duda debió ser una mujer muy interesante y especialmente para «vivirla». A mí me inspira un sentimiento de piedad hacia la triunfadora solitaria dentro de un mundo de vorágine en el que ella parecía tenerlo todo para los demás y nada para ella. Sólo carencia. Y eso es digno de considerar y reflexionar.

«No me sorprendió: su vida era dramática»
Pere gimferrer, poeta y escritor
Aquel agosto del 62 me pilló viajando entre Francia e Italia. Sé que me enteré por «tradición oral». Alguien debió contármelo en una de las paradas. No me sorprendió porque su vida fue terriblemente complicada, dramática. Mi primera reacción fue de expectativa, más allá del propio hecho de la muerte, por las enigmáticas circunstancias de la misma.
Marilyn Monroe fue una muy buena actriz de comedia y cuando tuvo un buen papel dramático como «Vidas rebeldes» supo aprovecharlo. Curioso, por cierto, que después de aquella película murieran los tres: ella, Clark Gagble y Montgomery Clift.
Tuvo, no obstante, demasiadas aspiraciones que le fueron negadas. Su exuberancia no me molestaba –no me molesta nunca ni en lo físico ni en lo metafórico, en nada–, pero estoy seguro de que todos conocimos a una mujer muy distinta a quien realmente era. Yo me hubiera sentido más intimidado por una Ava Gardner –más avasalladora– que por una Marilyn –que era más avasallada–. Al final, me queda la idea de que quería seducir porque tenía demasiado miedo.


«Fue un aviso de que todo el mundo se muere»
GONZALO SUÁREZ, escritor y director
No me acuerdo concretamente, creo que estaba en Italia, en casa de un señor que me había invitado en Milán. Y me impresionó mucho. Por un detalle colateral, recuerdo la fecha, porque en aquel tiempo estaba haciendo informes de fútbol. Fue un primer aviso –que con el tiempo uno aprende– de que se muere todo el mundo. Incluso los «divinos». Recuerdo esa sensación de irrealidad; que no te lo terminas de creer porque su imagen seguía viva y prevalecía en la pantalla. Pero ha superado la memoria y las circunstancias de su muerte han contribuido a ello.
Me impacta pensar que sigue «viva», pero muere cada vez que vemos una imagen de ella y recordamos que no está. Como cualquier ser especial. Estaba dotada de un encanto, un halo de invitación a la vida, gracia, humor. Pero me ocurre como con Cary Grant: ¡Ojalá pudiéramos vivir con esa desenvoltura y ajenos al dolor, como nos enseñaban en el celuloide! Recordarla es como pensar que pudieras pasar por la vida siendo brillante, estupendo y sensual. Aunque reconozco que no era mi tipo. En persona me hubiera intimidado demasiado. Prefiero mujeres-actrices más «manejables» como Joan Fontaine en «Rebeca». Aunque fue sin duda una maravillosa actriz cuyo talento no se reconoció en vida porque se valoraba más el dramatismo que la dificilísima comedia. Tuvo que hacer la película «Vidas rebeldes» con John Huston para que se reconociera realmente su valía como actriz.

«Fue el fin de una era sentimental» Román -gubern, historiador del cine


No recuerdo si lo oí por la radio o me lo contó un amigo, pero hay que reconocer que fue todo un fetiche para mi generación –y no sólo erótico, también entrañable–. Sé que me impactó. Tras la boda con Arthur Miller, se convirtió en un icono agridulce, tierno y humano, que no tenía el resto de las «muñequitas de caucho» de Hollywood. Como fue próxima a la muerte de Kennedy, sé que me quedó la sensación del fin de una era «sentimental».
Lo primero que me viene a la memoria es una vida digna de cualquier novela de Dickens, seguida de una gloria extensa pero efímera con cuatro o cinco grandes películas en las que estuvo, sencillamente, gloriosa. Hay un antes y un después, no sólo de ella como mujer, sino también como actriz. La historia cinéfila de mi generación se divide en un «pre Marilyn y un post Marilyn» como para mis antepasados ocurrió con la Garbo.

«Era bajita, bajita» Sara Montiel, actriz
La conocí cuando acababa de perder a un hijo que esperaba de Miller y fuimos a verla Tony Mann y yo, porque mi marido iba a llevar una obra de él a escena. Ellos dos eran muy amigos, y se entendían bien y ambos eran judíos. Lo que más me sorprendió de ella, además de su gran belleza y exhuberancia, era lo pequeñita que era. Todo lo que te diga es poco: era bajita, bajita.... Pero una actriz como la copa de un pino, y capaz de enamorar a quien estuviera cerca de ella.

«Frágil e insegura»
Margarita Riviere, periodista

Estaba a punto de cumplir 20 años y lo escuché en la radio. Yo ya era muy cinéfila pero para mí no era un modelo. La encontraba interesante, divertida, la quintaesencia del espectáculo. Luego supimos lo demás, las elucubraciones de su muerte y la leyenda fue creciendo hasta hoy. Me queda el impacto de descubrir que fue una mujer frágil, insegura, desamparada, demasiado expuesta a la opinión ajena y muy dependiente de las relaciones con los demás. Resulta conmovedor. A su estilo, fue una gran actriz y lo demostró en «El príncipe y la corista». Hay que ser muy universal para que cualquier gesto o mirada conmuevan al espectador.

«Abandonada en la morgue»
ZOE VALDÉS, escritora

De la muerte de Marilyn Monroe no recuerdo nada, yo tenía tres años de edad. Lo que recuerdo siempre son sus películas, la inspiración de deseo que emana de cada una de sus acciones en la gran pantalla. Y he visto, como la gran mayoría, esa horrible foto de ella muerta, abandonada en la morgue, a la espera de que alguien se ocupara del cadáver. Pero prefiero verla como el gran poema sensual, dramático y humano que fue. Lo que más me interesa de Marilyn es su fuerza histriónica enmascarada en pura inocencia. Marilyn hubiera podido ser una gran Ofelia, hubiera podido encarnar personajes de gran calibre dramático, porque ella misma llevaba en sí la tragedia, su vida por definición real lo era. Sin embargo, creo que se sigue restándole importancia al personaje que ella inventó mezclándolo sabiamente con otros del cine mudo y del Hollywood dorado, se le delega a un segundo plano. Y para mí ella está al nivel de Greta Garbo y de Marlene Dietrich, aunque sus registros eran otros. Soprano a veces, mezzosoprano en otras.


















 

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