Nadal

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Vivimos un periodo muy fecundo en cuanto a éxitos deportivos. Mundiales de baloncesto y fútbol, Contador, Gasol, Alonso, Marta Domínguez... nos han dado tantas alegrías que a veces parece algo soñado. Quizá Nadal simboliza mejor que ninguno esta nueva época. Pero Nadal es mucho más, porque ha devenido en ejemplarizante. Ha alcanzado la excelencia desde la modestia en el triunfo y la sensatez en la derrota. La pregunta surge inmediatamente: ¿por qué estos valores, que en teoría todos apreciamos, han desaparecido de la sociedad española? Política, televisión, periodismo... no se ve excelencia sino mediocridad; logreros y corruptos que se imponen sobre quienes hacen su trabajo. Nuestra sociedad, anestesiada por el consumo y el ambiente político, ha arriado las banderas de la educación y el esfuerzo. Ojalá Nadal y Gasol fueran los candidatos electorales. El que gane, presidente. El otro, jefe de la oposición. ¿Qué no saben de política? Es posible. Pero si el rasero es el actual, les sobra para ser más que ministros o portavoces parlamentarios.