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Prosa del pasado por Sabino Méndez

Hace cosa de quince días, el ministro Montoro tuvo un lapsus lingüe y llamó de nuevo «miembras» a sus señorías. Lo presencié en directo y, por un momento, casi me desmayo. Pensaba que, con el Partido Popular, habíamos finiquitado, de una vez por todas, aquella prosa del pasado reciente; ya saben, todo ese vocabulario delicuescente lleno de dudosos inventos léxicos y de palabras como «sostenible» o «proactivo» que hasta la fecha sólo encontrábamos dentro de los libros de autoayuda. Imposible, obviamente, afrontar el mundo con vigor y combatividad usando ese lenguaje trivializante. A mí me entra por una oreja y me sale cómodamente por la otra sin afectarme, pero por un instante temí que el Sr. Montoro hubiera escogido terminar sus días tristemente al estilo Bibiana: consumiendo los mejores años de su vida recortando artículos de los periódicos y asistiendo a seminarios.

Los que siguen esta pobre columna recordarán que, aparte de rockero, soy filólogo y siempre insisto en que el género gramatical y el biológico están contemplados por la ciencia como cosas diferentes. Afortunadamente, resultó que el ministro lo sabía, que todo había sido un desliz y que el Sr. Montoro seguía teniendo sangre en las venas. Espero que comprenda con humor que pidiéramos explicaciones quienes seguimos su tarea, más que nada porque eso es lo que va a hacer el pueblo llano constantemente durante toda la legislatura. Si ve que no funciona, no se preocupe, vuelva usted a explicárnoslo que para eso le han dado una mesa y un despacho tan grandes. Busque la manera de formularlo para que hasta un cretino pueda entenderle. Un trabajo de paciencia tremendo, lo sé, pero su magnitud no deja de ser, al fin y al cabo, proporcional al tamaño de la mesa y el despacho que le han dado.
 

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