Sin rastro del efecto 15-M

Según la encuesta de NC Report para LA RAZÓN, el PP obtendría la mayoría absoluta con el 46.5% de los votos válidos a candidatura y el PSOE descendería hasta el 30.8%. Dos son los segmentos de edad determinantes en esta victoria histórica de los populares y a la vez clave en el hundimiento electoral del PSOE; los jóvenes de 18 a 29 años y los ciudadanos de 45 a 64 años. En estos dos grupos de edad, que representan el 49.6% del censo electoral, es donde se decide la batalla del 20-N, y en ambos la ventaja de los populares sobre los socialistas es amplísima.

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Como ya sucediera en la victoria de José María Aznar en 1996, el voto joven vuelve a ser aliado del PP; el 41% de los votos válidos a candidatura que se emitirán por jóvenes el próximo 20 de noviembre será para el PP, mientras que únicamente el 25% irá a parar al PSOE. El resto de candidaturas obtendrá el 34%, esto en lo que respecta a la franja de 18/29 años. Entre los que votan por primera vez, los que estrenan mayoría de edad, el porcentaje es aún más favorable para los populares; 46.3% para el PP y 22.8% para el PSOE.

Los jóvenes soportan tasas de paro superiores al 40%, son víctimas de los experimentos educativos que los mantienen a la cola de la calidad educativa en la Unión Europea y a la cabeza del fracaso escolar y padecen el actual marco laboral que les condena a la precariedad. Además, sufren la falta de sincronización entre los planes de estudio y el sector empresarial, etc… por lo que se dan las circunstancias propicias para depositar su confianza en la alternativa que supone el PP. Es una juventud mayoritariamente pragmática, y al mismo tiempo necesitada de una bonanza económica que considera que vendrá con el Gobierno que propone Mariano Rajoy.

Ni siquiera el movimiento 15-M ha podido frenar el avance del voto popular entre los jóvenes, y lejos de lograr que amplias capas de la juventud española den la espalda al PP, han conseguido el efecto contrario, debilitar ante los más jóvenes las posibilidades electorales del partido en el Gobierno, al poner de manifiesto contradicciones entre su praxis y su mensaje ideológico.