El PSC baraja que las elecciones sean en día laborable

La medida, que ha sido planteada por un sector del partido a Montilla, busca combatir la alta abstención.

Las encuestas de cara a las elecciones autonómicas en Cataluña no favorecen al PSC, y los socialistas no ocultan su preocupación. Eso sí, no dan nada por perdido, porque todavía faltan tres meses para los comicios. Para conseguir el mejor resultado posible, un sector del PSC se está planteando que la mejor opción es celebrar las elecciones en día laborable porque así sería más fácil atraer a las urnas a su tradicional electorado obrero, que dispondría de cuatro horas de su jornada laboral para acudir a votar. Sin embargo, sólo el presidente de la Generalitat, José Montilla, tiene la facultad de decidir el día de las elecciones.

El principal adversario de Montilla en las elecciones autonómicas es Artur Mas, al que las encuestas dan una victoria holgada pero no lo suficiente como para gobernar en solitario. Pero hay otro factor que condiciona notablemente estas elecciones: la desafección política. El largo periodo de gestación, parto y recorte del Estatut, sumado a la profunda crisis y los casos de corrupción Millet y Pretoria hacen que la abstención sea el otro gran enemigo a batir para el presidente de la Generalitat.

Tampoco hay que olvidar que las autonómicas presentan tradicionalmente unas elevadas cifras de abstención, que se suele mover entre el 35 y el 40 por ciento, aunque la barrera psicológica del 40% fue superada en los anteriores comicios –2006–, cuando el 43,96% del censo no acudió a votar. En las últimas generales, en cambio, la abstención fue del 29,7 por ciento, y es que hay un granero de voto socialista que se moviliza cuando tiene que escoger al presidente del Gobierno, pero no al de la Generalitat.

La cocina del PSC ha explorado todos estos argumentos para buscar la mejor estrategia de cara a que las elecciones les vuelvan a dar la llave de la Generalitat. La gesta es difícil, pero nadie da nada por perdido, en parte porque en política tres meses dan para mucho, y también porque el PSC confía en que CiU se vaya desgastando si hay avances en el «caso Millet» o que una parte del voto nacionalista vaya a parar a los nuevos partidos independentistas que lideran el ex presidente del Barça, Joan Laporta, o el ex consejero de ERC Joan Carretero.

Ante este panorama, la estrategia pasa por agotar la legislatura para poder avanzar al máximo la obra de gobierno y exhibirla. De hecho, Montilla se reunió ayer en China con la cúpula de la automovilística Chery y la Generalitat está a punto de cerrar un acuerdo que creará 3.000 puestos de trabajo directo en Cataluña con la puesta en marcha de una fábrica. Se trata de un buen bálsamo mientras todos están pendientes de la fecha de las elecciones, que Montilla anunciará la próxima semana, sobre todo teniendo en cuenta que PP y CiU harán de la crisis económica uno de los caballos de batalla para destronar a Montilla.

Estos argumentos se han barajado en el cuartel socialista. Ya hubo voces del PSC que querían que los comicios se celebraran el 24 de octubre, pero, agotado el plazo de esta convocatoria, la fecha que tiene las de ganar es el 28 de noviembre, porque la campaña no coincidiría con la visita del Papa a Barcelona –7 de noviembre–. Pero, si Montilla escucha al sector que pide ir a las urnas un día laborable –y nadie en el Govern lo descarta–, las elecciones no tendrían por qué caer el fin de semana del 28 en que se juega el Barça-Madrid, que puede favorecer la abstención.


Europa también evita el festivo

- Aunque sería la primera vez que España afrontase unas elecciones en un día laborable, en Europa ya se han apuntado a esta nueva «moda».
- El pasado jueves 6 de mayo, David Cameron se alzó con la victoria en Gran Bretaña, en unas elecciones en las que el nivel de participación fue mayor que en los anteriores comicios, pese a celebrarse en día laborable.
- Asimismo, Holanda abrió sus urnas el miércoles 9 de junio. La participación fue la más baja registrada en los últimos años y el ganador fue el liberal Mark Rutte.