El «efecto Lula» afianza a Rousseff

La candidata del presidente, favorita para ganar pese a sus contradicciones sobre el aborto. Mantiene una ventaja de doce puntos respecto a José Serra

José Serra y Dilma Rousseff protagonizaron un debate televisado de «guante blanco» el pasado viernes
José Serra y Dilma Rousseff protagonizaron un debate televisado de «guante blanco» el pasado viernes

Dilma Rousseff y José Serra se esmeraron en ofrecer su cara más amable el viernes, en el último debate televisado antes de que hoy se abran las urnas para que 132 millones de brasileños decidan quién será su próximo presidente. Aunque en esta segunda vuelta se ha dado especial importancia a la religión y se han vivido debates cargados de duras acusaciones, ambos dejaron de lado en el cara a cara uno de los asuntos más espinosos de la campaña: el aborto. Bien es cierto que los dos han defendido con vehemencia su oposición a la interrupción del embarazo, el matrimonio entre homosexuales y han reafirmado su fe en un intento por capitalizar el voto católico. Pero no siempre fue así, al menos para Rousseff.

La candidata de Lula, que sigue siendo su principal activo electoral, como demuestra su implicación absoluta en la campaña, se esforzó durante toda la segunda vuelta en reiterar su oposición al aborto. «Estoy personalmente en contra del aborto y defiendo el mantenimiento de la legislación actual», declaró en una carta de seis puntos a la ciudadanía difundida a través de los medios.

Sin embargo, antes de la primera vuelta, la Prensa se hizo eco de unas declaraciones de Rousseff en 2007 en las que daba a entender que era proclive a flexibilizar la ley. También manifestó su apoyo al aborto en una entrevista en 2009 con la revista «Claire».

Y ésta fue la principal arma arrojadiza que Serra utilizó en el primer debate televisivo de la segunda vuelta. Serra criticó duramente a Rousseff por sus posiciones «incoherentes» acerca del aborto y su fe en Dios. «Yo nunca defendí el aborto. Usted sí, y ahora pasa a decir lo contrario y a hacerse la víctima. En algunas entrevistas ha dudado de la existencia de Dios y ahora se vuelve devota», le espetó Serra durante un cara a cara que no se pareció nada al del viernes.

Cuando el presidente Luiz Inacio Lula da Silva llegó al poder en 2003, muchos pensaron que las estrictas leyes brasileñas contra el aborto podrían ser liberalizadas. Su Partido de los Trabajadores (PT) ha apoyado consistentemente mayores derechos abortivos y en 2005 fue enviado al Congreso un proyecto de ley para legalizar los abortos hasta las doce semanas de gestación.


Oposición de los católicos
Sin embargo, ese proyecto fue rechazado ya que católicos y evangélicos tienen un bloque cada vez más poderoso en el Congreso. Tanto es así que la mayoría de los analistas considera que la campaña de líderes religiosos contra Rousseff impidió que ganara los comicios en primera vuelta. Sin embargo, Dilma parece haber convencido a los votantes de que no apoyará leyes abortistas: los últimos sondeos le dan una ventaja de doce puntos sobre Serra, que ha dejado de recortar distancias con su oponente.

De todas formas la duda queda, como declara a LA RAZÓN Luiz Gonzaga Bergonzini, obispo de Guarulhos y uno de los más firmes opositores a la ampliación de las leyes abortistas: «¿Puede usted confiar en una persona que asume posiciones contradictorias? Nadie cambia de ideas de esta manera. El lobo pierde el pelo, pero no pierde el vicio. Ella [Rousseff] no es de fiar».


El debate que más preocupa
En Brasil, el país católico más poblado del mundo, el aborto está prohibido excepto en caso de violación o de que peligre la vida de la madre. Los Grupos pro aborto defienden que la ley no hace mucho para impedir los abortos en el país y daña a las mujeres pobres que no pueden pagar por ingresar en clínicas clandestinas más caras y teóricamente seguras. El Ministerio de Salud afirma que alrededor de una de cada siete brasileñas menores de 40 años se ha practicado, al menos, un aborto y que cerca de un tercio de los embarazos en el país termina con este procedimiento. Alrededor de 200.000 mujeres son hospitalizadas cada año por complicaciones derivadas de abortos, muchas de ellas con infecciones causadas por usar instrumentos sin esterilizar, mientras que otras usan químicos que queman o arriesgadas pociones caseras.