OPINIÓN: Pesimismo

La Razón
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No es ningún secreto que el pensamiento positivo mejora la salud de los pacientes afectados por una enfermedad grave. Desde Ludwig von Bertalanffy sabemos que hay reglas comunes de comportamiento aplicables a cualquier estructura, ya sea celular, colectiva o mecánica. Los malhadados «brotes verdes» de la ministra Salgado no eran sino un ingenuo truco para infundir confianza allí donde no había más que desazón. Las mismas trampas en el solitario nos hacíamos, vaso en mano, en la víspera de Nochevieja: «La empresa que llegue viva a la Navidad próxima, se salva». Mentira. Consumida la primera mitad del año, y antes de que esta columna cierre por vacaciones, no hay ningún indicio racional que nos anticipe la recuperación. No me remito a los datos macroeconómicos, sino a la evidencia de que todos los conocidos en paro de diciembre permanecen allí en compañía de unos cuantos más y tampoco ha cesado el goteo de comercios cerrados, empresas quebradas, sueldos recortados y, lo que es más grave, personal acojonado ante el futuro. Estaba tentado de poner la «incertidumbre del futuro» pero sería otro paño caliente. ¿Acaso no vive en la certidumbre quien se ve a tres metros del suelo después de despeñarse desde un duodécimo piso? Nos la pegamos sin remedio. Rajoy y Arenas levantarán el cadáver.