Biden recorre China transmitiendo calma

Que un vicepresidente estadounidense viaje a Pekín para transmitir confianza y pedir colaboración a los dirigentes del régimen comunista chino es algo que, hace tan sólo una década, habría sonado a ciencia ficción. Sin embargo, es lo que le ha tocado hacer a Joe Biden, que lleva desde el miércoles en China, intentando calmar los ánimos de la segunda potencia mundial y principal inversor extranjero de deuda pública norteamericana.

 
 

A lo largo del verano, China ha reaccionado con una expresividad poco frecuente ante los problemas financieros y políticos de EE UU. Desde Pekín se llegó a sugerir que Washington debería superar su «adicción a la deuda», recortar gastos sociales y, en definitiva, abandonar las pretensiones de vivir por encima de sus posibilidades, ya que esto genera inestabilidad en la economía global.

Oficialmente, Biden ha viajado a China para estrechar lazos con Xi Jingping, vicepresidente del régimen y llamado a suceder al presidente Hu Jintao en los próximos meses. Pero los contenidos de las reuniones han ido derivando después hacia temas económicos, mensajes de solvencia y promesas de entendimiento mutuo para generar confianza y evitar una nueva recesión global.

Así, el vicepresidente de Obama dejó a un lado esta semana las cuestiones polémicas que dividen a ambos países, insistiendo en que «la relación más importante para la economía mundial es la de EE UU y China» y repitiendo que Washington tiene la situación de su economía bajo control. China respondió en boca de su primer ministro, Wen Jiabao, quien dijo confiar «plenamente en que la economía estadounidense superará las dificultades».