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Cataluña gira a la derecha

Tiempo de lectura 4 min.

22 de noviembre de 2010. 00:43h

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22/11/2010

La conclusión más contundente de la encuesta electoral que hoy publicamos en LA RAZÓN no es el regreso de CiU al Gobierno de Cataluña, que estaba cantado desde hace bastantes meses, sino la debacle de los tres partidos que han gobernado en coalición durante estos siete años. La fulminante caída de la izquierda catalana adquiere tintes de catarsis, como si los electores quisieran despertarse de una pesadilla y alejar de sí a sus protagonistas. Los datos son inapelables: a los socialistas les aguardan los peores resultados de los últimos 30 años y los republicanos independentistas de ERC pierden casi la mitad de su capital, lo que los relega detrás del PP como tercera fuerza política. El hecho de que los escaños de CiU dupliquen a los del PSC describe fielmente el giro radical que los catalanes quieren imprimir a la Generalitat. Si a este dato se le añade que el otro partido que más sube es el PP, al que le auguran dos escaños más, parece claro que los votantes apuestan por el centroderecha y por la moderación para reconducir la lastimosa situación en que el tripartito ha dejado Cataluña. Las frivolidades económicas, el aventurismo estatutario, el sectarismo fanfarrón y su inmoderado intervencionismo, características del Gobierno de coalición, han hastiado a los ciudadanos hasta el punto de que PSC, ERC e IC-V perderán 386.000 votos, de los cuales 210.000 se refugiarán en la abstención y el resto se irá casi todo a CiU. Es evidente que la crisis económica, cuyos efectos  han golpeado con especial virulencia entre los votantes de la izquierda, explica en buena medida el hundimiento; y que la deplorable gestión del Gobierno de Zapatero no es ningún favor para Montilla. Pero el tripartito ha hecho méritos de sobra para causar la desbandada entre sus seguidores y simpatizantes. Los errores cometidos han sido de bulto, pues mientras el paro aumentaba, miles de pequeñas empresas echaban el cierre, el crecimiento de Cataluña era superado por el de Madrid y surgían serios problemas de inmigración, el tándem Montilla, Carod Rovira y Saura se aplicaba con denuedo a atacar al Tribunal Constitucional y a azuzar los sentimientos independentistas. A pesar de que no era, ni mucho menos, la primera exigencia o reclamación de los catalanes, el Gobierno tripartito empeñó todo su esfuerzo en un nuevo Estatuto de autonomía, cuya tramitación, desde el primer día hasta la sentencia final del TC, produjo un profundo desgarrón entre Cataluña y el resto de España. El proyecto estrella de los últimos años no ha aportado nada positivo a los catalanes; al contrario, ha sacado a relucir los peores humores y las mayores suspicacias. No sin razón, el PSC recibirá el día 28 un castigo histórico de quienes son sus más fieles votantes: aquellos que, sintiéndose tan españoles como catalanes, fueron sometidos a una disyuntiva absurda con un Estatuto que iba contra la Constitución en varios de sus artículos. Sería muy conveniente que CiU extrajera de esta experiencia la lección correcta y abandonara las frivolidades soberanistas. Cataluña tiene otras urgencias y hay partidos, como el PP, que no dudarían en arrimar el hombro si quien gobierna lo hace con responsabilidad, con rigor y para todos.
 

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