Rubalcaba marca el camino: golpe policial a ETA y permiso a «Txelis»

El terrorismo marca su primera intervención como vicepresidente en la que promete más comunicación

Rubalcaba se estrenó ayer como portavoz con la petición de Zapatero de mejorar la comunicación del Ejecutivo. Uno de los detenidos en la operación de ayer es trasladado porlos agentes
Rubalcaba se estrenó ayer como portavoz con la petición de Zapatero de mejorar la comunicación del Ejecutivo. Uno de los detenidos en la operación de ayer es trasladado porlos agentes

MADRID- Mejor no pudo estrenarse el ya vicepresidente primero y portavoz del Gobierno. La primera rueda de prensa de Alfredo Pérez Rubalcaba tras el Consejo de Ministros coincidió con la operación policial contra la «cantera de ETA». Así, el también titular de Interior se apuntaba un primer tanto en un día de presentaciones, explicaciones y puestas al día en el que además se conoció el visto bueno de la Audiencia a la concesión del segundo grado a «Txelis», asunto que sin embargo no trató. El terrorismo ocupó gran parte de su intervención en un momento en el que la lucha antiterrorista cosecha numerosos éxitos que comparte con decisiones polémicas, como la concesión de permisos a históricos etarras o a dirigentes de Batasuna. Todo, entre los rumores de un próximo alto el fuego de la banda y las especulaciones de que el fin de ETA pueda llegar esta Legislatura con el nuevo vicepresidente.

Pero, ante todo, quiso dejar clara una cosa: no tiene miedo al exceso de responsabilidades y tareas que se le acumularán a partir de ahora. «Si Rajoy pudo –fue vicepresidente, portavoz y ministro a la vez– yo también, me las arreglaré».

En su discurso tampoco faltaron las críticas al principal partido de la oposición y prácticamente no hizo demasiadas referencias a los acuerdos del Consejo de Ministros. Bibiana Aído y Beatriz Corredor fueron dos de las excepciones.

Sí que habló de las tareas que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, les había encomendado para afrontar el final de esta segunda Legislatura y salir de la mejor forma posible de la crisis. Lo más importante: mejorar y hacer más transparente la comunicación del Gobierno, acercar la política a los ciudadanos y que cada ministro «explique cuál es el trabajo de su Ministerio y la labor del Ejecutivo». Y destacó que Zapatero quiere «un Gobierno con un presidente y 15 portavoces». El objetivo es «transmitir confianza», un punto en el que el Gobierno necesita mejorar a tenor de las últimas encuestas y barómetros, que sitúan la imagen y la gestión del presidente y su equipo por los suelos. Eso sí, sin renunciar a pedir algunos «sacrificios» a los ciudadanos» mientras mandaba un aviso: «Estamos iniciando la recuperación, pero no significa que quede poco o que sea fácil. Quedan momentos duros y difíciles». «Algunas reformas son difíciles y los ciudadanos lo tienen que asumir».


«Gente con experiencia»
Para ello hizo hincapié en los ejes de la política del Ejecutivo: «Austeridad, reformas y cohesión social». También se refirió al hecho de que el presidente haya introducido en este nuevo equipo a «gente con experiencia». «Es cierto y tiene su lógica», apuntó. En lo que se refiere a las ex ministras y ahora secretarias de Estado de Igualdad y Vivienda, Bibiana Aído y Beatriz Corredor, respectivamente, señaló que el hecho de que hayan bajado de rango demuestra su «compromiso» con el Ejecutivo.

En el turno de críticas al PP no faltaron las palabras del alcalde de Valladolid sobre Leire Pajín. «Son repulsivas», dijo, y reconoció que «me preocupa que no es la primera vez que salen del PP estos comentarios. Hay algo en la genética del PP que rechina con la lucha por la igualdad», sentenció. Además, respondía a Rajoy al decir que «si España es un barco en medio de la tempestad, el Gobierno trabaja en cubierta» y los populares «abajo, disfrutando en los camarotes».

Así concluyó la primera de las muchas comparecencias que le esperan en un lugar que no le es para nada desconocido. Se marchó rápido, sin detenerse con los periodistas como hacía su predecesora. Una mujer, De la Vega, de la que no dijo nada, salvo que las pautas de comunicación de su equipo eran «correctas, correctísimas».