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Amoraga reivindica a los españoles que liberaron París

«El rayo dormido»Carmen AmoragaDestino446 páginas. 20 euros

Amoraga reivindica a los españoles que liberaron París
Amoraga reivindica a los españoles que liberaron París larazon

BARCELONA- Tras quedar finalista hace casi dos años del Premio Planeta, Carmen Amoraga ha seguido escribiendo e interesándose por el pasado del país. Ese es uno de los principales temas de su nueva obra, «El rayo dormido», publicada por Destino.

Amoraga nos narra la historia de dos mujeres –la periodista Natalia y su vieja amiga Carmen– que se reencuentran tantos años después gracias a las redes sociales, pero también la de un episodio perdido de la Guerra Civil. La escritora recupera la aventura de quien fuera uno de los republicanos que estuvo en la Nueve, el grupo de hombres que lucharon al lado de las tropas francesas y estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Fueron los primeros en entrar en el París liberado, pero durante décadas (especialmente gracias al general De Gaulle) su papel fue ocultado a la opinión pública.

La escritora, en declaraciones a LA RAZÓN, explicó que «quería poner el foco sobre la situación crítica del periodismo. Pero un amigo de mi padre me habló de la Nueve, de su papel en el grupo y me inspiró para el personaje de Antonio en la novela. Me avergonzó no saber nada de esa historia y decidí incorporarla a la novela».

Amoraga reconoce su fascinación por esta columna y critica con durezala injusticia que han sufrido los que combatieron en ella. «Eran republicanos y héroes. Evidentemente, el franquismo no podía aplaudirlos, pero cuando se pudo reivindicar su papel hubo una dejadez total. No fue hasta 2004 que se les homenajeó en París, pero ya solamente quedaban tres o cuatro supervivientes. Se cometió una injusticia histórica porque ni los franceses recordaron cuando debían lo que hicieron por ellos al liberar París».

Las dos protagonistas femeninas del libro vuelven a reencontrarse gracias a Facebook, una red social con un papel muy destacado en los capítulos de «El rayo dormido».

Como una agencia
«Vivimos relacionándonos en gente a la que ni siquiera saludaríamos por la calle. Twitter, por ejemplo, es como una agencia de comunicación mientras que con Facebook podemos meternos en debates. Esto es lo que pasa ahora, pero hace diez años se enviaban correos electrónicos, aunque hace veinte se escribían cartas», recuerda la novelista. Precisamente, las redes sociales han acabado influyendo en la situación actual de los medios de comunicación porque ahora «hay un periodismo ciudadano. No es lo mismo un señor que envía un mensaje desde Twitter que un periodista profesional. Sin embargo, se les da a ambos la misma credibilidad. La crisis está afectando a todos, pero hay más paro en el periodismo que en ningún otro sector».

La responsable de títulos como «Para que nada se pierda» o «Algo tan parecido al amor» define su trabajo más reciente como «un libro dentro de otro libro. El personaje de Natalia es como mío, algo que llevo muy profundo. Para mí escribir esta novela ha tenido tras de sí un proceso muy emocional en todos los sentidos».

Desde que la novela vio la luz, hay un lector del que Amoraga quiere saber su opinión. Es el hombre le contó una parte de su historia más personal, testimonio privilegiado de la Nueve e inspirador de buena parte del contenido de su novela. «No he podido hablar con él todavía, pero sé que le han entregado el libro. Lo que me dijeron es que se puso a llorar emocionado cuando le preguntaron qué le parecía lo que yo había contado», afirma la escritora.

 

Entre la realidad y la ficción
La escritora reconoce que el lector podría llegar a pensar que Natalia, una de las dos protagonistas de «El rayo dormido» es un trasunto de ella misma, aunque matiza esa impresión. «No soy Natalia, pero está inspirada en mí. Estuve veinte años sin encontrar a una persona. Nos habíamos distanciado, pero nos enviamos mensajes y volvimos a encontrarnos. Esa experiencia me pareció muy literaria», dice Carmen Amoraga, quien defiende que «cuando te diriges a un lector y le hablas de ti, sabes que te estás acercando a otra persona y, por tanto, te abres a ti mismo. Eso es algo que también me ha pasado con "El rayo dormido"».