Víctor Gómez Pin: «Sin el toreo perderíamos una referencia ética y estética»

Presenta una interesante reflexión sobre la tauromaquia

Este mes presenta su último libro. «La mirada de Proust. Redención y palabra» (Triacastela).

–La única clave para que perdure el toreo es que continúe siendo un ejercicio artístico y noble. Pero, más allá de ciertos grupos –sociales o políticos–, ¿algo en la ceremonia de la propia fiesta, la hace peligrar?
–Simplemente cada vez que una gesticulación gratuita se añade a la verídica sobriedad que caracteriza a los grandes toreros.

–¿Qué habría que hacer para que la fiesta se pueda mantener fiel a su propia esencia y pureza, sin que derive en otros espectáculos menos nobles?
–Librarla de la peste interna, empezando por el casticismo y la retórica casposa.

–Pese a lo que digan los naturalistas, ¿es verdad, como sostienen los matadores –y recientemente lo recordaba Savater– que el maltrato pasa por tratar a un animal de un modo distinto para el que está destinado?
–Maltratar a un animal es impedirle realizar las potencialidades de su especie. Un campesino que canaliza las capacidades de su perro al servicio de la caza o de la protección de sus rebaños, no lo está maltratando. Cuando ese animal es reducido al angosto espacio de un apartamento urbano, se le está impidiendo desplegarse y realizar su naturaleza, se le está simplemente mutilando. La sociedad actual se caracteriza sobre todo por reducir y maltratar al animal humano, impidiéndole realizar sus capacidades de simbolización y de creación.

–Si perdemos el toreo, ¿qué perdemos, amén del espectáculo?
–Alguna vez caractericé al toreo como «una sobria escuela de vida». Cuando responde a esta exigencia, el toreo es precioso. Y perderlo sería tanto perder una referencia ética como estética. Cuando es un espectáculo castizo y casposamente costumbrista su desaparición no sería una pérdida.

–Lo dijo Tierno Galván: «una corrida de toros es un acontecimiento». Una definición muy acertada porque, ¿dónde acontecen más cosas que en una tarde de toros y de forma menos previsible?
–Hay muchos lugares donde acontecen cosas, pero es cierto que en una plaza de toros, en ocasiones, podemos tener como una reminiscencia de lo que suponía en Grecia (para los ciudadanos, pues los esclavos se hallaban excluidos) el teatro trágico.

–¿Ha cambiado mucho la forma de torear, la interioridad del toreo en las últimas décadas?
–No tengo criterio para responder a la pregunta sobre los cambios acontecidos en el toreo.

–Decía García Lorca que es la fiesta más culta que hay en el mundo ¿Qué podemos hacer para que continue siéndolo?
–No creo que sea útil ni oportuno meterse en disquisiciones sobre si el toreo es o no la actividad más culta. Con tal de que sea verídica me conformo.