Campaña electoral

Indignados nosotros

La Razón
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Así estamos muchos también con algunas personas y colectivos por sus actitudes ante la JMJ. La edad no da siempre lucidez. Dos ejemplos: el opúsculo «Indignaos» es la sarta de generalidades y banalidades más grande que he leído en mi vida. Y las manifestaciones de Sampedro son de un trasnochado y rancio eco decimonónico que despiertan conmiseración. Pero están de moda el panfletillo, los que han acampado en la Puerta del Sol (con la connivencia de Rubalcaba y sus adláteres) y este novelista de muy irregular trayectoria. Pero ser anti Papa y antisistema «pone» más que Antena3. Todos ellos tienen la cantinela del «no nos representan», refiriéndose a los políticos. Pues, oiga, a mí, y a más de 15 millones de españoles que votamos asiduamente en las convocatorias electorales, sí nos representan, y somos muchísimos más que los que se manifiestan. Enorme esfuerzo nos costó a los españoles cambiar de régimen político, de una dictadura a una democracia (todo lo imperfecta que se quiera), poder votar libremente y expresar con respeto nuestras discrepancias con el poder, lo que permite, además, que estos intelectuales pasados de fechas y estos intransigentes, supuestamente indignados, puedan decir todas las tonterías que se les ocurran. Sería curioso que las televisiones que tanto los jalean se acercaran a ellos y los preguntaran de qué trata la reforma de la Constitución y qué argumentos aducen para oponerse a ella. Seguramente ocurriría como en el chiste: en una multitudinaria manifestación contra el paro, un empresario le dijo a uno: «Tengo trabajo para usted». Respuesta: «Y entre tantos millones, ¿ha tenido que elegirme a mí?».