Europa

Cecilia Malmström: «En inmigración los políticos se doblegan al populismo»

Cecilia Malmström se ve como un rompeolas frente al tsunami populista que arrecia Europa y que, entre otras cosas, se está llevando por delante el espacio sin fronteras de Schengen.

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 Con Francia en el punto de mira, y la investigación de Dinamarca en marcha, la comisaria de Interior de la UE, nacida en Estocolmo en mayo de 1968, y que ha pasado por las sillas de poder de todas las instituciones europeas, asegura que está haciendo «todo lo posible» para combatir este clima enrarecido que cubre el continente.

–La estrategia sobre la inmigración tiene una línea más dura. ¿Ha habido un cambio por el auge de los partidos xenófobos?
-Todo lo contrario. No apruebo para nada lo que está pasando en Europa hoy. Siempre he defendido que la inmigración no es una amenaza para Europa, sino un valor. Que un par de miles de tunecinos lleguen a Italia es, desde luego, un problema y debemos asistirles, también a Malta, pero no es una razón para cerrar Schengen. Puede que necesitemos reforzar algunas debilidades. Pero la UE no debe ser una fortaleza, debemos tener un sistema de asilo reforzado o la posibilidad de que inmigrantes puedan venir a trabajar. La Comisión, y especialmente yo, buscamos una Europa abierta y responsable, con una gestión de la migración y las fronteras creíble, y nos distanciamos totalmente de las soluciones populistas y simplistas.

–En los 90, casi medio millón de balcánicos fueron acogidos. ¿Eran otros tiempos o es que nos cuesta acoger más a los árabes?
-Es difícil de decir. Estoy de acuerdo en que el clima en Europa es más duro hoy. Pero no con que la Comisión se adapte a esto. Estamos haciendo todo lo posible para combatirlo. Primero tenemos que recordar, como bien sabrá como español, la profundidad de la crisis. La gente ha tenido que dejar sus casas y trabajos. En este clima siempre es más fácil para los partidos populistas crecer, y encontrar soluciones fáciles como culpar a los extranjeros. Además, tenemos una crisis de liderazgo, porque no creo que los líderes europeos de hoy estén defendiendo los valores europeos, se están amoldando a la amenaza populista.

–¿Adoptando sus prioridades?
-Es un hecho que están creciendo los partidos de extrema derecha en Francia, Holanda, Finlandia, Suecia, Dinamarca... Los políticos responsables deben tratar los problemas, pero eso no significa aceptar las soluciones de la retórica populista. Los partidos tradicionales, por razones electorales o estratégicas, no se están defendiendo de esta retórica sino que la están adoptando, y es muy peligroso.

–Incluyó una nueva excepción para el cierre de fronteras internas si se producen «oleadas masivas de inmigrantes» tal y como quería Francia. ¿Supone un paso atrás?
-Schengen es uno de los mayores logros de la UE. No permitiremos que se debilite, sino que lo reforzaremos. Por eso, debemos emitir unas orientaciones, porque hay algunos puntos que necesitan clarificación. Podríamos mirar a esta cláusula de suspensión. Podría haber razones para suspender las fronteras internas. Hoy las pueden cerrar en cuestión de horas, de acuerdo a unas excepciones. Y esto para mí, y para la Comisión (tengo un gran apoyo dentro) supone un problema a largo plazo. No se puede dejar a los países que decidan por ellos mismos. Sí debe existir, por ejemplo, la posibilidad para los Estados miembros del cierre de sus fronteras inmediatamente en caso de amenaza terrorista, sin llamar a la Comisión para consultarlo. Pero eso será por cuestión de horas o de pocos días. 

–El anuncio danés de la reintroducción de controles fronterizos incluía frases como «se investigará a toda persona sospechosa», sin detallar. ¿No es esto una clara violación de Schengen?
-La opinión preliminar es que no es compatible con la normativa europea, no sólo con Schengen, sino tampoco con el Mercado Interior.

–Con la crisis del euro, Schengen, los movimientos antieuropeos, ¿no es este uno de los momentos más bajos de la UE?
-Estamos en un momento muy difícil en la UE. No hemos salido todavía de la crisis más dura en décadas, tenemos todavía problemas con el euro. Además, tenemos fuerzas nacionalistas y populistas muy fuertes, y mucha gente cuestiona la necesidad de la UE. Europa no es vista necesariamente como la solución sino a veces como una barrera.