Extremadura

Decisiones supremas

La Razón
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Si después de haber entregado Extremadura y Castilla La Mancha, el PSOE termina perdiendo Andalucía –en la mitad norte del país es una formación minoritaria hace ya tiempo–, tal vez no tenga otro horizonte que el de su desaparición, abocado a transformarse en un partido socialdemócrata diferente al que hoy conocemos posiblemente, también bajo otras siglas. El problema es que, no ya el sistema político sino la propia España, en la grave encrucijada en que se encuentra, precisa más que nunca del concurso de las dos grandes formaciones, únicas capaces de articular sin estridencias la vida social y económica de la nación.
Por el contrario, el hundimiento, aunque transitorio, de la socialdemocracia española dejaría una izquierda huérfana de referentes con unas crecientes tentaciones de radicalización de las que el movimiento 15M constituye un ejemplo no menor. Un riesgo sumamente desestabilizador en los umbrales del inevitable nuevo orden mundial que nos espera. En Andalucía es obvio que la salud democrática exige desde hace años una oxigenación de lo público a través de la necesaria, y sin embargo inédita, alternancia en el poder. Ahora bien, ¿se ha podido decidir en las más altas magistraturas del Estado que es preferible, en las actuales condiciones, no dejar caer por completo al PSOE? Reconozco que no sé la respuesta y admito que la propia pregunta parezca descabellada. Si quieren, incluso una irresponsable provocación. Pero lo cierto es que, por una mera cuestión formal, el Tribunal Supremo ha salvado en el último minuto a Manuel Chaves de tener que explicar por qué no se abstuvo en las subvenciones concedidas a la empresa donde trabaja su hija. Mismo Tribunal Supremo que hoy debe decidir nada más y nada menos si la instrucción del escándalo de los ERE llega o no hasta la raíz de la acción de Gobierno de la Junta. Este lunes no va a ser un día cualquiera para la historia política andaluza. De momento ha amanecido con una inquietante interrogante.