Marina la dulce tragedia griega

La Razón
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Uno de los últimos números de la incesante maquinaria del Reino Unido es Marina & The Diamonds –en realidad una solista– que con su segundo álbum, «Electra Heart», ha liderado las listas de ventas en las que ya hiciera cumbre con el single «Primadonna». ¿La fórmula? Resulta difícil evitar las comparaciones con otras vocalistas femeninas más o menos rompedoras, y que cada uno juzgue si se parece más a Lady Gaga o a La Roux. Anoche, Marina & The Diamonds fue la elegida por Coldplay para abrir el concierto en Madrid y también para acompañarles en parte de la gira. «La verdad es que de momento sólo puedo decir que la comida que nos sirven es fantástica», dice con ironía. Marina Diamandis (ahí tienen el porqué del nombre de la banda) es, tal y como la calificaba un artículo del «Daily Mail», parte de una clase media británica procedente de barrios residenciales, educación privada y progenitores corredores de bolsa cuyos hijos se empeñan en ser cantantes. El padre de Marina es un académico griego que, después de pagar una de las mejores escuelas del país para chicas, a razón de 10.000 libras anuales, se resignó al verla abandonar la universidad por su carrera musical. Marina canta en el disco a esa dulce «y trágica vida amorosa. Y de cómo de decepcionante es el amor en la vida actual. He creado un personaje, y me cuesta admitirlo, pero en el fondo habla de mí», explica. Aún más, ha dado rienda suelta a los estereotipos del amor femenino a través de «cuatro personajes con distintas actitudes psicológicas». Su conversación roza el contrapunto cuandoexplica el título del álbum: «Lo del corazón de Electra es simplemente que me gusta un título frío, como creo que es mi aproximación al amor. La verdad es que sí he leído la obra griega y me parece que los textos mitológicos son una buena fuente de historias. Al pop se le exige que cuente verdades, y parece que si hablas de mitos es que estás adoptando una postura mentirosa, pero a mí me parecen más mentirosos los artistas que crean su identidad con disfraces más que con canciones».