El caos reina en Trípoli con ejecuciones y venganzas

Los rebeldes asedian el barrio de Abu Salim, donde se concentran los gadafistas y donde podrían esconderse el dictador y sus hijos

Un coche con rebeldes libios pasa un puesto de control en Trípoli
Un coche con rebeldes libios pasa un puesto de control en Trípoli

Bengasi- El caos se ha apoderado de Trípoli en una espiral de violencia sin control en la que las ejecuciones se suceden entre ambos bandos. En pleno cerco al barrio de Abu Salim, donde los rebeldes sospechan que se esconde parte del clan Gadafi e incluso el propio dictador, se escuchan los disparos de los francotiradores y los hallazgos de cadáveres maniatados están a la orden del día. Al menos 30 gadafistas, algunos mercenarios, fueron fusilados en el distrito gubernamental de Bab al Aziziya y 17 civiles, ejecutados –presuntamente– por tropas del tirano.

Pese a la feroz resistencia de los leales a Gadafi, los rebeldes controlarían hoy más del 90% de la capital, según las propias brigadas, pero no hay rastro del tirano. Aunque los insurrectos aseguraron que rodeaban un edificio en el que supuestamente se encontraban Muamar y su familia, escondidos en un «agujero», poco después el coronel reaparecía en una nueva grabación de audio. En ella, arremetía una vez más contra la OTAN y pedía a sus fieles que «destruyan» a los rebeldes, «ratas, cruzados y ateos». «Libia es para el pueblo, no para los espías, Francia, Sarkozy o Italia», remarcó.


Sirte, objetivo final
Eso es lo que intentan hacer los hombres de los que todavía dispone, especialmente en Trípoli, donde ayer siguieron dificultando la toma total de algunos barrios, a pesar de la ayuda aérea que sigue prestando la OTAN y los agentes secretos occidentales que se sospecha están ya presentes.

Maysam, una joven de 22 años, explicó a LA RAZÓN que Gadafi podría encontrarse todavía en la ciudad y por ello aún no se atreve a salir a la calle: «Me siento liberada y feliz, pero la situación no es del todo segura». Desde Suq al Yuma, una de las bases opositoras, Maysam dijo a este periódico que en su barrio los residentes están manteniendo la seguridad y que ya hay algunas tiendas abiertas: «Los suministros básicos no faltan, aunque ha habido escasez en los últimos 3 o 4 meses». Son pocos los civiles que se atreven a salir, según Maysam, pero todos se sienten por fin «libres».

En una ciudad devastada, el Consejo Nacional Transitorio (CNT) ha dicho que la seguridad será restablecida en los próximos días y no quiso especular sobre el paradero de Gadafi. Después de haber entrado en Trípoli, la principal preocupación de las autoridades de Bengasi son las zonas aún bajo el control del régimen, principalmente el bastión de Sirte, ciudad natal de Gadafi, donde se prepara el que podría ser el último frente de batalla.

Los rebeldes avanzan en esa dirección, pero aún se encuentran con resistencia por parte de las fuerzas gubernamentales, que ayer bombardearon el enclave petrolífero de Ras Lanuf, última conquista opositora. Éstos habrían empezado a negociar una rendición con los jefes tribales de Sirte, para entrar sin batalla, pero el diálogo no ha dado frutos y el jefe del CNT, Mustafa Abdel Yalil, hacía un nuevo llamamiento a la población local y a los soldados para que se unan a la revolución. Yalil quiso destacar una vez más que no habrá represalias y que la nueva Libia será para todos.

Aun así, será un país con muchas heridas: más de 20.000, como el número de personas que según las autoridades de Bengasi habrían muerto desde el comienzo de la revuelta hace seis meses. En la capital rebelde no hay ninguna familia que no haya perdido al menos uno de sus hombres en el frente y muchas han perdido a varios miembros: jóvenes, algunos casi niños, hombres de mediana edad, padres de familia... Un civil de 40 años cuenta a este diario cómo su padre ha sido encarcelado y torturado por el régimen de Gadafi, y cómo su hermano ha muerto luchando contra el dictador: «La historia de mi familia es como la de este país».

Para los «mártires», fallecidos y heridos, el CNT prepara ya un fondo de ayuda especial, pero tanto para ésta como para todas las demás urgentes necesidades de la Libia que está naciendo se necesitan miles de millones de dólares, que han sido prometidos por la comunidad internacional.

El Grupo de Contacto, que reúne a representantes de países miembros de la OTAN, la UE, la Liga Árabe y la Unión Africana, prometió ayer a los rebeldes que iba a acelerarar su presión a las Naciones Unidas para lograr que sean descongelados partes de los fondos de Libia.
En un principio, Sudáfrica se había negado al desbloqueo de los activos pero, finalmente, Estados Unidos consiguió llegar a un acuerdo para que la ONU desbloquee 1.500 millones de dólares para destinarlos a ayuda humanitaria en el país norteafricano, debastado tras seis meses de guerra.

El presidente rebelde dijo que todos los países que han ayudado a la revolución recibirán su recompensa: los más involucrados (entre los europeos, Francia y Reino Unido) tendrán los contratos para reconstruir el país y desarrollarlo en los próximos años.


OPERACIÓN SECRETA
El SAS busca al sátrapa

Hay fuerzas aliadas en suelo libio, al menos a tenor de lo publicado por «The Daily Telegraph», que asegura que fuerzas especiales del SAS británico lideran la caza de Gadafi. Según el diario londinense, que cita fuentes del Ministerio de Defensa, comandos del mítico cuerpo, vestidos como rebeldes y con sus mismas armas, llevan en Libia varias semanas y han jugado un papel decisivo en la batalla por Trípoli.