Ejemplaridad por José María Marco

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Los veinte millones de euros que la Fundación Amancio Ortega ha donado a Cáritas se han convertido en un tema de conversación y de controversia. Desde una cierta perspectiva, es lógico que ocurra así. No estamos acostumbrados a que las donaciones de las grandes fortunas y de las grandes corporaciones sean aireadas como, en parte a causa de la coyuntura, lo ha sido ésta. En realidad, se producen más donaciones de las que a veces se tienen noticia. La propia Fundación Amancio Ortega ha mantenido, desde su creación en 2001, una programación consistente en actividades financiadas con los beneficios de las empresas de su fundador. Como ésta, hay muchas otras.
La propia Cáritas, en la Memoria 2011 publicada hace unos días, muestra el esfuerzo de la sociedad española en este aspecto. Más del 66% de los fondos reinvertidos por Cáritas procede de donaciones privadas. Los donantes privados, en vez de reducirse con la crisis, aumentaron en 2011 un 3,48% con respecto al año anterior. Lo mismo ocurre con los voluntarios, que suman un 4% más que en 2010. La sociedad española está respondiendo con generosidad y con inteligencia a una nueva situación que nos obliga a una mayor solidaridad, sin esperar siempre, pasivamente, la intervención del Estado.
Por eso mismo, la polémica en torno a la donación de la Fundación Amancio Ortega no es negativa del todo. Es imprescindible que se conozca la generosidad de nuestros compatriotas. Hay que asumir la condición y la responsabilidad que a cada uno le corresponde. En nuestro país, las elites se muestran reticentes a la publicidad. Es un error. Los beneficios de una acción altruista se miden también por su ejemplaridad. Y ésta es la que contribuye a vertebrar una sociedad.