Los proetarras sellan un acuerdo con EA para «colarse» en las urnas

Sin hacer una sola mención a ETA, EA y la ilegalizada Batasuna han suscrito un documento en el que se fijan como objetivo la creación de un Estado vasco independiente y afirman que su prioridad es "la superación del conflicto político y la desaparición de todo tipo de violencias".

EA culmina su alianza con Batasuna con la firma de un pacto independentista
EA culmina su alianza con Batasuna con la firma de un pacto independentista

Curioso acuerdo en el que uno se hace perdonar lo que ha hecho y el otro se reafirma en lo que siempre ha defendido. Y en cuyo texto se recogen, una por una, las acusaciones a una de las «violencias» que, según los firmantes, sufre «Euskal Herria» (incluida Navarra y territorios del sur de Francia), con una única referencia a que desaparezcan las amenazas contra las personas que, en el espíritu del acuerdo, no tienen por qué ser sólo las atacadas por ETA y su entorno.

Los firmantes, Eusko Alkartasuna y la llamada «Izquierda Abertzale» se han cuidado muy mucho de hacer referencia a la banda terrorista y su siniestra historia de muerte y destrucción. Por el contrario, reivindican la «lucha y rebeldía» frente a la cerrazón de España y Francia.

Representantes de ambas formaciones firmaron ayer las «Bases de un acuerdo estratégico entre fuerzas políticas independentistas» en un acto celebrado en el Palacio Euskalduna de Bilbao. Su objetivo es, según dicen, impulsar un Estado vasco a través de la confrontación con el Estado español por vías, aseguran, «exclusivamente pacíficas, políticas y democráticas». Entre el más de medio millar de asistentes, había delegaciones del Sinn Fein irlandés, el FPLP palestino y los flamencos de N-VA.

El trasfondo del acuerdo no es otro que establecer una plataforma para que los candidatos proetarras puedan estar presentes en las elecciones municipales y forales del año que viene. Sin los votos de la «izquierda abertzale», Eusko Alkartasuna puede quedar prácticamente fuera de la vida de ayuntamientos y diputaciones, condenada a su desaparición política. Ambas formaciones se benefician, pero la lectura del texto del acuerdo demuestra quién lleva la voz cantante, por más que se empeñen en hablar de «respeto entre las partes» y «confianza mutua».

Los firmantes señalan que «la raíz del conflicto que padecemos en Euskal Herria es política y por tanto necesita de una solución política (...) el conflicto ha traído violencia y, por desgracia, las expresiones de violencia y el sufrimiento siguen presentes. Así pues, es prioritario superar cuanto antes una realidad de múltiples violencias».

Contra una «violencia»

Para superar esta situación, EA y la «Izquierda Abertzale» proponen una serie de medidas que sólo incumben a una de esas que ellos llaman «violencias» (que no es otra que la aplicación del Estado de Derecho derivado de la Constitución). Si no se conociera la realidad del País Vasco, parecería que se está hablando de un territorio sometido a una dictadura.

Entre las propuestas, figuran las siguientes: «Reconocimiento de los derechos civiles y políticos básicos; el derecho de manifestación y asociación, así como el de libertad de expresión, no deberán ser reprimidos; exigimos la derogación de la Ley de Partidos Políticos y el establecimiento de medidas que solucionen las situaciones ilegítimas que actualmente se padecen en las instituciones públicas».

Presos etarras

Hay más: «Derogación de las medidas que buscan el castigo sin medida de las presas y presos políticos (cadenas perpetuas, negativas a conceder libertades condicionales, negativas a liberar a quienes están gravemente enfermos o enfermas, dispersión, aislamiento…). Todos y todas ellas deberán ser trasladados a las prisiones de Euskal Herria. Así mismo, se deberán dar pasos en un proceso que tenga por objetivo la excarcelación de todos y todas las presas políticas».

 

La lista continúa: «supresión de las medidas e instrumentos utilizados para la represión política, incluidos los procesos judiciales contrarios a los derechos civiles y políticos y a la libre actividad política.

Y por si había alguna duda de a qué «violencia» se refieren, exigen la «desactivación de la presión policial que sufren los sectores populares». Como último apartado se habla del «fin de las amenazas y presiones contra toda persona», pero como no se habla de ETA, también pueden ser las que se sientan presionadas por la presencia de las Fuerzas de Seguridad en el País Vasco.

ANÁLISIS Un texto que no tiene por qué disgustar a la banda etarra¿El acuerdo puede molestar a ETA?–No. En el texto se recogen las reivindicaciones secesionistas que defienden los terroristas, y el carácter «político» del conflicto, del que se culpa a España y Francia.¿Pero se pide el fin de «todas las «violencias» y las vías democráticas? –Los pistoleros saben que esas afirmaciones no pasan de ser un brindis al sol. Si llegaran a hacer algún gesto, sería una medida reversible y podrían volver a las armas con la disculpa de que no se han alcanzado los objetivos previstos. ¿Quién sale más beneficiado del acuerdo?–Las dos partes. Para Eusko Alkartasuna resultan fundamentales los votos proetarras dadas sus malas expectativas electorales. Y para la «Izquierda Abertzale», es la plataforma en la que puede colar sus listas ¿Esta trampa se podrá consumar?–Gobierno y oposición están dispuestos a que no sea así. Es una de las bases del acuerdo del Gobierno vasco.