Heliofilia-2

En España contamos con niveles de insolación anual no tan lejanos de los máximos del valle del Nilo o del Sáhara. De modo que si se sube a partir del aprovechamiento energético podrían resolverse muchos problemas

La semana pasada ya hablábamos de la cuestión de la energía solar, al referirnos a una serie de temas sugeridos por el «Decathlon solar» de ámbitos arquitectónicos. Y volvemos hoy casi a lo mismo, a propósito del estudio de la Asociación Europea de la Industria Fotovoltaica (EPIA) de que la energía solar podría cubrir en la UE-27 el 12 por ciento de la demanda eléctrica en 2020, cosa que personalmente estimo difícil. Hace pocas semanas pude oír una brillante exposición sobre tales previsiones a José Domínguez Abascal, director de I+D de Abengoa, la mayor empresa tecnológica de Andalucía, y que de hecho se ha convertido en uno de los principales centros de impulso de la energía solar a escala mundial. Según Domínguez Abascal, los avances en el tema, sobre todo en lo tocante a termosolar, que va por delante de la fotovoltaica, son de tal orden de intensidad, que para dentro de diez años el kilovatio hora del origen que nos ocupa podría situarse a un nivel comparable con los más bajos del combustible fósil y de la energía nuclear.Eso son buenos anuncios, y de confirmarse, España se situaría en un área de privilegio, puesto que en nuestra geografía contamos con niveles de insolación anual no tan lejanos de los máximos del valle del Nilo o del Sáhara. De modo que si se sube a partir del aprovechamiento energético que hoy se consigue con los diseños solares vigentes (no más del 0,5 por ciento de la energía que se recibe desde el astro rey), podrían resolverse muchos problemas. Incluyéndose la producción de hidrógeno sin necesidad de utilizar, como ahora sucede, carburante con grandes emisiones de dióxido de carbono (CO2).Lo dicho hace solamente siete días: si el sol genera toda la vida, ¿por qué no va a generar la mayor parte de la energía que precisamos?