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Perú: Mítica encrucijada inca

Mítica encrucijada inca
Mítica encrucijada incalarazon

El mítico Machu Picchu es uno de los destinos turísticos más universales, uno de esos lugares de peregrinación masiva al que tarde o temprano tendremos que rendir pleitesía. Colgado en las alturas y entre nubes andinas, descansan las ruinas de una civilización desaparecida en mitad de un paisaje inverosímil y bellísimo que sobrecoge por su espectacularidad. Machu Picchu sacia y embriaga. Y, pese a cargar con tanta leyenda a sus espaldas y formar parte de los anhelos de tantos y tantos viajeros, es capaz de estar a la altura de su propio mito y no defrauda ninguna expectativa. Tiene mérito en estos tiempos de globalización y de una cierta materialización de lo que significa sencillamente viajar. La naturaleza exuberante y desatada, verde y vertical en estas latitudes, contrasta con la perfecta geometría de las ruinas incas y, en el silencio del amanecer, componen un momento único que guardar para siempre en la memoria. Todas las guías recomiendan madrugar y llegar al amanecer, si es posible, antes de las seis de la mañana, que es cuando comienza el acceso para los turistas. Se puede llegar a Machu Picchu andando o utilizando la tortuosa carretera que nace en Aguas Calientes y que el Gobierno de Perú mantiene fuera de su red nacional con el fin de limitar el acceso masivo al santuario inca. Al turístico Aguas Calientes hay que llegar en tren en un recorrido que servirá para ir aclimatando cuerpo y espíritu a esa continuada sucesión de abismos incas y sobresaltos naturales. Especialmente intenso es el tramo final que discurre junto al curso del Urubamba, al que veremos abriéndose paso entre cañones y montañas. Quienes llegan a pie lo harán por el celebérrimo Camino Inca, después de varias jornadas de dura caminata por una antigua calzada incaica y cruzando la Puerta del Sol, la terraza natural donde se toman las fotografías más típicas de Machu Picchu. Sólo que esta vez lo tendremos delante de los ojos.