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Obama, a los que no le votaron: «He oído vuestras voces y seré vuestro presidente»

Obama se presenta como el ejemplo del sueño americano

Todo el poder para los demócratas
- El impulso del candidato de raza negra lleva a su partido a lograr una amplia mayoría en el Congreso y en el Senado de Estado Unidos
Mejora de las relaciones bilaterales
- Zapatero acoge con entusiasmo el resultado electoral y confía en que España sea «un amigo y aliado fiel» para el presidente electo

Washington.

Tiempo de lectura 4 min.

06 de noviembre de 2008. 02:42h

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Washington. 6/11/2008

Sí pudieron. EE UU abrazó el cambio y se reconcilió con su Historia eligiendo al primer presidente negro. Barack Obama hizo añicos la última barrera racial de la política estadounidense con un triunfo rotundo sobre su rival republicano, John McCain. Ganó el joven y carismático senador de Illinois porque reconoció y apeló al presente y futuro de un país cada día más diverso, multiétnico y multirracial, cansado del rojo y el azul categóricos y hambriento de una nueva dirección.
«Nunca olvidaré que esta victoria os pertenece», dijo el próximo presidente en su discurso triunfal en el parque Grant de Chicago, un mensaje memorable de ilusión y esperanza. «Si alguien aún duda de que EE UU es el lugar donde todo es posible, que todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo, que aún cuestiona el poder de nuestra democracia, aquí está la respuesta», señaló Obama en una noche en la que el «Yes, we can» (Sí, podemos) llenó de orgullo y profunda emoción a millones de personas.
Lágrimas de Estado
No se puede ignorar el pasado tan cercano. Cuando Obama nació hace sólo 47 años, los negros no podían ni votar en muchas partes del país. La noche del 4-N será recordada como una simbólica catarsis en la que ni hombres de Estado, como Colin Powell, pudieron contener las lágrimas.
El presidente electo se dirigió a la nación a medianoche. Para entonces, 240.000 personas, según los cálculos de la prensa local, le esperaban en Gran Park y alrededores. El conteo de los resultados, aunque no trajo sorpresas, mantuvo la incertidumbre durante más horas de lo esperado. No tardaron en caer Pensilvania y New Hampshire para Obama, torpedeando la enclenque estrategia de McCain. Pero sólo cuando Florida, Ohio y Virginia se tiñeron de azul quedó la carrera sentenciada. En cuanto cerraron las urnas en el oeste, con la progresista California al frente, los medios americanos, más cautos que nunca, cantaron por fin la victoria demócrata.
El reparto de la tarta electoral acabó siendo un contundente triunfo para Obama: 349 votos, frente a los 163 de su rival. El senador de Illinois es el primer demócrata en recibir más del 50% del voto popular desde Jimmy Carter en 1976. Poco pudo hacer McCain ante la adversidad de la situación económica y la imbatible fuerza organizativa de su rival. Pero cuando golpeó la realidad del mapa electoral y llegó el momento de admitir la derrota, el senador estuvo impecable: «Los estadounidenses han hablando y han hablado claro».
El candidato republicano prometió ayudar a Obama a dirigir el país en estos tiempos tumultuosos y reconoció el significado histórico del veredicto electoral: «Hemos recorrido un largo camino desde las injusticias que mancharon la reputación de nuestro país» se congratuló McCain. Junto a él estaba Sarah Palin, la breve heroína republicana, que pese al griterío de los seguidores que fueron a la amarga despedida de Phoenix, no salió del segundo plano.
Bush también llamó a Obama para prometerle una «fluida transición». «Estás a punto de embarcarte en uno de los grandes viajes de la vida, felicidades y disfruta», dijo Bush. A la mañana siguiente y ya de forma oficial, desde los jardines de la Casa Blanca, el mandatario republicano valoró la «impresionante» victoria del senador de Illinois como «un triunfo de la historia americana». «Todos los estadounidenses pueden estar orgullosos», señaló ignorando el batacazo que había sufrido su partido. «Nuestros ciudadanos han demostrado al mundo la vitalidad de la democracia americana y las zancadas que hemos dado hacia una unión más perfecta».
Grandes desafíos
El viaje presidencial del que habló Bush con Obama promete ser  uno de los más temibles desafíos a los que se ha enfrentado cualquier presidente moderno. El senador de Illinois hereda dos guerras abiertas en Irak y Afganistán y toma las riendas del poder en Washington en medio de la peor crisis desde la Gran Depresión.
Consciente de lo que se espera de él, Obama admitió que EE UU no se recuperará inmediatamente del bache, pero prometió que tenderá la mano a toda la sociedad. El demócrata enfatizó su disposición al diálogo y se dirigió a aquellos «cuyo apoyo aún tengo que ganarme»: «Puede que no recibiera vuestro voto, pero oigo vuestras voces, necesito vuestra ayuda y también seré vuestro presidente».
El senador ganó en las urnas gracias a una variada coalición que incluyó a la mayoría de las mujeres, de los votantes independientes, de los hispanos y de los negros. También votaron a Obama los menores de 45 años. A McCain le apoyaron los hombres, los americanos de más edad y los evangélicos. No fue ni la raza, ni la edad ni ningún otro factor asociado a los candidatos los que intervinieron en el voto. El 4-N fue un referéndum sobre Bush y el cambio. La escasa destreza de McCain para distanciarse del impopular presidente, unido al pesimismo en torno a la dirección que ha tomado EE UU los últimos años, sentenciaron la suerte del candidato republicano.

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