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Quién cuida de nuestros hijos

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¿Quién cuida de nuestros hijos?
¿Quién cuida de nuestros hijos?

Durante las últimas décadas se han producido grandes avances en la medicina en general y en la psiquiatría en particular. En palabras de Hilarión en la Verbena de La Paloma con música de Tomás Bretón, «hoy la ciencia avanza que es una barbaridad». Que no diría don Hilarión si le hubiera tocado vivir esa experiencia tan sólo un siglo después. Hemos pasado de la década del cerebro a fijar nuestra atención en los genes y cómo modulan, no sólo nuestros rasgos externos, sino también nuestra conducta y quién sabe si también nuestros pensamientos. De manera paralela ha evolucionado la psiquiatría, aunque el estallido del conocimiento ha sido si cabe más reciente. Pero, ¿que ha pasado con la disciplina dedicada a los más pequeños? Hoy, en España, está pendiente de ser reconocida la especialidad de la psiquiatría del niño y del adolescente, lo que ha repercutido en que el avance sea mas lento y tedioso. Ha visto limitada su capacidad de desarrollo al trabajo de unos pocos que, con encomiable esfuerzo, han remado contracorriente para que la psiquiatría infantil no perdiera su espacio. En el primer aniversario del fallecimiento del profesor Quintero Lumbreras, queremos destacar el desarrollo de uno de los profesionales pioneros en esta especialidad. Durante casi cuarenta años, Quintero fue transgresor en su tiempo, avanzado con el tiempo de la ciencia, pero no siempre de las costumbres de la época. Inicialmente dedicado a la pediatría, pronto se percató de su necesidad de ayudar a los más débiles entre los débiles, para ubicarse en ese limbo teórico de la psiquiatría infantil. Pero en la práctica necesitan tantos menores, ya que se calcula que hasta un 20 por ciento de los niños tiene o tendrá algún problema relacionado con su salud mental. Han sido muchos los niños que han sido ayudados en algún momento de su vida por Quintero Lumbreras, son cientos las anécdotas que surgen en torno a una larga y prolífica vida profesional, muchas de ellas quedan recompensadas con el recuerdo de su memoria. Dedicó gran parte de sus energías a la docencia y a seguir las hipocráticas costumbres de la difusión de los conocimientos de la medicina. Son muchos los que caminan, pero pocos los que hacen camino. Como decíamos, la ciencia avanza, y la psiquiatría del niño y del adolescente no lo es menos; la genética o las técnicas de neuroimagen en las próximas décadas deberán estar presentes en las atenciones de profesionales dedicados a la tarea de curar a veces, aliviar a menudo, pero cuidar siempre la salud mental de los más pequeños.