Bloomberg, el hombre que quiere reinar en América

Hace unos años Fran Lebowitz, cronista ácida de la vida cultural de Manhattan, le espetó al entonces alcalde de la Gran Manzana, Michael Bloomberg: «Nunca pensé que tendría la oportunidad de votar contra tí en tres ocasiones».

En conversación con este corresponsal la escritora a la que Martin Scorsese dedicó un hermoso documental, sentenció, «Bloomberg nunca podrá ser presidente de los EE UU. Es demasiado judío y, sobre todo, es demasiado bajo, y se le nota demasiado que se hizo millonario para compensar los complejos». Exagere o no la legendaria autora de libros como "Metropolitan Life" y "Social Studies" lo cierto es que la novena fortuna de EE UU, con un patrimonio estimado en decenas de miles de millones de dólares, competirá al fin por el podio que siempre ha ansiado.

Todo lo demás, sus tres mandatos al frente de la alcaldía de Nueva York, sus sustanciosas actividades filantrópicas, su vida como empresario bendecido por un éxito abrumador, palidece ante la evidencia de unas ambiciones políticas mal disimuladas. Demócrata registrado durante décadas, Bloomberg no dudó en competir como republicano en 2001 para convertirse en alcalde de su ciudad. Sustituyó al mercurial y excesivo Rudy Giuliani, actual abogado privado del presidente Trump.

Bloomberg siempre representó algo así como una tercera vía entre el republicanismo clásico y la izquierda liberal del partido demócrata. Sus críticos, como Lebowitz, siempre lo acusaron de contaminar Manhattan con una mentalidad propia del suburbio y de ejercer como embajador plenipotenciario de la gentrificación más agresiva. Sus partidarios hablan de sus dotes de mando, su talante templado, su disposición a dejarse aconsejar, su liberalismo y su desprecio por los modos cesaristas de los que el actual presidente sería el más acabado emblema imaginable.

Nacido en Brighton, Massachusetts, en 1942, el hijo de un contable, descendiente de emigrantes de Rusia y Bielorrusia, estudió en la John Hopkins y en la escuela de negocios de Harvard, empezó su carrera en los bancos de inversión de Wall Street y desarrolló una empresa, Innovative Market Systems, que proporcionaba a información esencial a los inversores merced a su radical apuesta por las todavía incipientes posibilidades que brindaba el desarrollo de la informática. Cuarenta años más tarde está dispuesto a coronar una vida de grandes logros por el premio mayor de la Casa Blanca.