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Un juicio político (casi) imposible

Trump es el cuarto presidente de EE UU en ser acusado. Johnson y Clinton salvaron sus presidencias en el Senado, mientras que Nixon dimitió antes de ser destituido

Impeachment
Impeachment FOTO: T. Nieto

El anunciado «impeachment» de Trump está lejos de ser el primero en la historia de EE UU. Sospechoso de poner en peligro tanto la Constitución como las alianzas internacionales del país, a Trump lo precedieron Andrew Johnson, Bill Clinton y, con matices esenciales, Richard Nixon.

ANDREW JOHNSON

El 24 de febrero de 1888, el Congreso votó a favor de iniciar el procedimiento por «impeachment» del presidente Johnson. El demócrata había vetado con insistencia todas las iniciativas legales diseñadas para reconocer los derechos de los afroamericanos en el sur. Pero atención. Johnson no era un sudista cualquiera. De hecho, el entonces gobernador de Tenesi permaneció fiel a la Unión mientras el Estado se pasaba al bando de la sedición.Nombrado gobernador militar del Estado por Abraham Lincoln, acabó siendo su vicepresidente y sucesor. Cuando Johnson relevó al secretario de Guerra, Edwin M. Stanton, último o penúltimo de los republicanos que todavía permanecía a su lado, la guerra estaba en marcha y fue procesado por once cargos. Pero el orador hábil y carismático, el niño pobre que llegó a la Casa Blanca gracias a una voluntad de acero, héroe de los desposeídos, odiado por las élites y gran representante del populismo en Washington, acabaría por reír el último. El juicio, seguido con pasión, concitó multitudes, que compraban las entradas puestas a la venta como si se tratara de un espectáculo deportivo. Los días de las votaciones definitivas, Johnson salvó el cargo por un voto, 35 a 19. Suficiente para seguir en el cargo hasta agotar su mandato un año más tarde.

RICHARD NIXON

El de Nixon no puede considerarse un «impeachment» logrado. De hecho, el caso no llegó a votarse. Pero el presidente, acorralado por el Watergate, contaba ya con que los suyos le habían abandonado y sabía que la suerte estaba echada. Si el juicio llegaba a la cámaras, sería destituido con deshonor. Optó, por tanto, por la solución más digna y dimitió. En un discurso televisado, Nixon comentó que «al tomar esta decisión, espero haber acelerado el inicio del proceso de curación que tan desesperadamente se necesita en Estados Unidos». En su crónica del 9 de agosto de 1974, el periodista Carroll Kilpatrick, de «The Washington Post», explicó que frente a la serena alocución delante de las cámaras hubo, una hora antes, una reunión de despedida con «20 senadores y 26 congresistas». El senador Barry M. Goldwater, que estuvo allí, contó que Nixon «nos dijo que el país no podía operar con un presidente de medio tiempo. Después se derrumbó y lloró y tuvo que salir de la habitación. Entonces el resto de nosotros se derrumbó y lloró».

BILL CLINTON

El del demócrata fue otro caso de «impeachment» fracasado en la orilla del Senado, igual que el de Johnson, después de que sus enemigos sortearan con éxito la barrera del Congreso. Acusado de mentir, cazado en su relación extramatrimonial con la becaria Monica Lewinsky, el «impeachment», que ocupó 1998 y 1999, sacudió los cimientos constitucionales y tensionó el país de formas nunca antes vistas. Ni siquiera en los 60, con la Guerra de Vietnam y la primera guerra cultural en marcha, se había asistido a semejante grado de polarización. Puede afirmarse que, si bien Clinton salió absuelto, el suyo fue el primer paso en el ecosistema de trincheras que hoy mina las relaciones políticas en EE UU. Consciente de sus posibilidades, dueño de sus recursos, Clinton resolvió defenderse. Lo acusaban de perjurio y de obstrucción a la Justicia. En diciembre de 1998, se convirtió en el segundo presidente en ser objeto de «impeachment» (ya que el de Nixon es distinto).