El “cordón sanitario" salta por los aires en Alemania

Un liberal es elegido presidente de Turingia con los votos de la ultraderecha y los democristianos. Merkel habla de “un mal día para el sistema político alemán”

Alemania.- El candidato liberaldemócrata, elegido primer ministro de Turingia con el apoyo de Alternativa para Alemania
El liberal Thomas Kemmerich fue elegido ayer primer ministro del Estado alemán de Turingia tras una polémica votación/EP Martin Schutt/dpa-Zentralbild/dp

“Alternativa para Alemania (AfD) ya tiene a su primer presidente regional”. Aunque el titular -firmado por uno de los comentaristas de "Der Spiegel”- no es exacto, refleja como pocos el desconcierto en el que está sumida la política alemana después de que el político liberal Thomas Kemmerich fuera elegido hoy presidente del Estado federado de Turingia con los votos de la ultraderechista AfD, además de los democristianos de Angela Merkel.

Un auténtico terremoto político que, además y en la práctica, significa el fin del “cordón sanitario”, el bloqueo del resto de los partidos con representación parlamentaria, a la formación xenófoba. Kemmerich fue elegido en tercera vuelta con 45 votos frente a los 44 obtenidos por el hasta ahora primer ministro, Bodo Ramelow, del partido de La Izquierda. Ramelow había llegado a un acuerdo de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) y Los Verdes con cuyos votos esperaba ser reelegido por mayoría simple en la tercera votación en el Parlamento regional.

En las dos primeras votaciones, Ramelow se impuso con claridad al candidato de AfD, Christoph Kindervater, pero sin llegar a la mayoría absoluta que necesitaba. Para la tercera ronda, en la que es suficiente la mayoría simple, el Partido Liberal (FDP) presentó la candidatura de Kemmerich mientras que AfD mantuvo a Kindervater. No obstante, Kindervater, que había obtenido 22 votos en la primera y la segunda vuelta, se quedó sin apoyos en la tercera y los diputados de AfD votaron en bloque por Kemmerich, que a la postre se impuso a Ramelow por 45 contra 44 votos. Algo que nunca antes había sucedido en la historia de la República Federal.

El presidente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) en Turíngia, Mike Möhring, justificó el voto de la mayoría de su grupo parlamentario argumentando que no podían negarse a apoyar un candidato de centro. “En las dos primeras vueltas nos abstuvimos, en la tercera había un candidato de centro y no podíamos abstenernos. Sin embargo, no somos responsables de las candidaturas de otros partidos ni de la forma como votan”, dijo Möhring. El partido de la canciller se había fijado como principio no tener coaliciones ni ningún tipo de cooperación ni con la AfD ni con La Izquierda.

Ahora, la “ruptura del tabú”, como ha sido calificada la elección de Thomas Kemmerich por algunos analistas, se produce justamente en el Estado federado donde la AfD es liderada por una de sus figuras más radicales, Björn Höcke, que es considerado como uno de los principales exponentes de una grupo llamado “El ala”, que incluso es observado por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución por considerar que desde allí pueden impulsarse planes en contra del orden constitucional alemán.

No obstante, la constelación es de por sí curiosa, ya que el FDP, que Kemmerich preside en Turingia, tiene solo cinco diputados en el Parlamento regional al que accedió “in extremis” al quedar 71 votos por encima del umbral del 5%. Esto último hace que algunos analistas le auguren una vida corta al Gobierno de Kemmerich. Pero, al margen de ello, la manera como se dio su elección ya ha desatado un debate en Alemania.

iller, la s, la can“Hacerse elegir primer ministro por ultraderechistas es completamente irresponsable. Todos los demócratas debemos estar juntos contra AfD”, dijo a través de Twitter el ministro de Exteriores, el socialdemócrata Heiko Maas. De parte de la CDU su líder, Annegret Kramp-Karrenbauer, aseguró que lo ocurrido “va claramente en contra de las recomendaciones, las demandas y las solicitudes del partido” y llamó a una repetición de las elecciones en Turingia. Mientras, la canciler, Angela Merkel zanjó que “no es un buen día, no es un buen día ni para Turingia, ni es un buen día para el sistema político en Alemania".