La vuelta al ruedo de Donald Trump en Tulsa no fue “épica”

Del aforo del millón a menos de 19.000 personas. El presidente comienza a referirse a sus votantes como «la mayoría silenciosa» y saca toda su artillería contra Biden, un «títere indefenso»

Mismo lugar, diferente contexto. El presidente Donald Trump reaparecía en el estado de Oklahoma, exactamente 110 días después de su último mitin electoral tras la imposición de medidas de confinamiento por la pandemia de coronavirus. Pero la localidad de Tulsa no acogió el tan esperado regreso de Trump a la primera línea electoral por todo lo alto, como a él le hubiera gustado.

Y es que, semanas previas, la Casa Blanca había llegado a anunciar que contaban con cerca de 100.000 personas registradas para el evento, el primer mitin electoral de Trump en más de tres meses. Incluso en Twitter, el propio Trump alardeó de que se habían registrado un millón de personas. Pero acabó participando una audiencia mucho menor a la esperada, en un recinto con capacidad para acoger a 19.000 personas. De hecho, casi decenas de miles de jóvenes, usuarios de la red social de vídeos TikTok, se registraron al acto para después no asistir. De ahí que la campaña se esperase tanto aforo.

Trump, que apareció de nuevo sin mascarilla, estuvo muy lejos de alcanzar esa cifra el sábado en Tulsa. Su equipo culpó a los medios de comunicación y a los “manifestantes radicales” por asustar a sus partidarios, y se vieron obligados a cancelar el evento masivo previo a las puertas del recinto.

El mismo estado que le ofreció una gran y necesaria victoria en las anteriores elecciones presidenciales, se convirtió en el escenario donde el presidente de EE UU ofreció su primer evento de campaña electoral desde el mes de marzo, cuando dieron comienzo las restricciones por la pandemia de COVID-19, y donde también pudo revelar algunas de las que serán las claves principales de su carrera hacia la reelección.

Trump justificó, en numerosas ocasiones, que estos meses el “virus chino” ha acabado teniendo un mayor impacto en muertos e infectados en Estados Unidos porque se han realizado más pruebas médicas para detectar la enfermedad que en ningún otro país del mundo. De hecho, al realizar esta afirmación aseguró que “disminuyamos las pruebas”, es decir, que se reduzcan los test para que desciendan también las cifras de infectados. El comentario, que despertó las risas y vitoreos de los asistentes, fue desmentido después por la Casa Blanca confirmando que había sido “obviamente una broma”.

Otra de las novedades presentadas en Tulsa es que Trump ha comenzado a llamar a sus votantes “la mayoría silenciosa”, asegurando que es la mayor parte de la población y “más fuerte que nunca”. Según la teoría de la espiral del silencio, una mayoría silenciosa como la que Trump considera tener a su favor podría darle la victoria de nuevo al presidente estadounidense en noviembre, si consigue mantener inactiva a la otra parte del electorado que ahora estaría haciendo ruido, pero cuyo barullo no se traduciría necesariamente en “muchas nueces”, como dice el refrán, para entonces.

Con esa finalidad, Trump parece estar dispuesto a utilizar toda su artillería en contra de su rival político en la carrera hacia la Casa Blanca, Joe Biden, contra quien aprovecha cualquier ocasión para criticarle por su destacable ausencia, calificándole como “títere indefenso”, o por las ideas demócratas de la “izquierda radical”.

Y ésa es precisamente otras de las estrategias que, por ahora, parece estar funcionando a favor del mandatario. Los republicanos “somos el partido de la ley y el orden”, recordaba el presidente Donald Trump durante y después de su reaparición pública en Tulsa. Un lema que ha rescatado de la campaña electoral de1968 copiado de uno de sus antecesores, el ex presidente Richard Nixon, para imponer la imagen de fuerza ante la creciente oleada de protestas raciales que han movilizado al país y sus principales ciudades durante cerca de dos semanas, tras la muerte del afroamericano George Floyd a manos de la Policía en Mineápolis.

El presidente, que ha alentado una respuesta militar a las manifestaciones en todo el país, criticó algunas de las protestas. “La desquiciada mafia de izquierda está tratando de destrozar nuestra historia, profanar nuestros monumentos, nuestros hermosos monumentos, derribar nuestras estatuas y castigar, cancelar y perseguir a cualquiera que no se ajuste a sus demandas de control absoluto y total. No estamos conforme“, espetó Trump.

Unas horas antes de la cita en Tulsa, la Casa Blanca informó de seis nuevos contagios por COVID-19 entre miembros del equipo de Trump, pero la celebración de su primer mitin tras las medidas de confinamiento por la pandemia sigue adelante. La Corte Suprema de Oklahoma había rechazado una demanda el viernes que pedía seguir las pautas de distanciamiento social y cancelar la cita. El equipo de campaña de Trump aseguró que los asistentes se someterían a controles de temperatura en la entrada al recinto y que se repartirían mascarillas para todos ellos.

Y es que la preocupación por la pandemia continúa presente después de conocerse que en una decena de estados del país, como Florida, Carolina del Sur y Arizona, los casos no sólo siguen aumentando sino que todavía estarían alcanzado el pico más alto de infecciones. En Estados Unidos, según datos de la Universidad Johns Hopkins, se han producido cerca de 120.000 muertes y más de 2,2 millones de casos de COVID-19.

Uno de esos estados cuyas infecciones siguen en aumento es precisamente Oklahoma. Por ello, los asistentes al evento del sábado tuvieron que firmar una cláusula que exime de toda responsabilidad a la campaña de Trump en el caso de que se produzca algún nuevo contagio.

La clave de estas próximas elecciones presidenciales, disputadas dentro de cinco meses, estará muy probablemente en la movilización que ambos partidos, republicano y demócrata, consigan alcanzar. La base electoral de Trump se mantiene, por ahora, intacta y no parece que la de los demócratas tengan mucha motivación hacia las urnas. Pero el desencanto de la actual gestión gubernamental, el creciente ambiente de odio y crispación, así como la incertidumbre por las consecuencia económicas de la pandemia pueden encender la mecha de los indecisos y los desmontados, empujándoles a votar el próximo 3 de noviembre.

Trump apoda “Kung Flu” a la covid-19

También ayer, Trump puso un nuevo mote al “virus chino”. Ayer lo bautizó como “Kung Flu”, una mezcla de las artes marciales chinas (Kung Fu) y “Flu” en inglés, que significa gripe.

“No me preocupa el virus. Creo que es principalmente un engaño”, indicó a Reuters Will Williams, de 46 años, sobre el coronavirus, y preguntó por qué los demócratas no estaban más preocupados por las personas que mueren por sobredosis de drogas. Williams no llevaba una mascarilla.

El presidente, algo muy raro en él, sugirió que su propio discurso en el estadio con calvas no era el mejor. “De momento, esta noche, estoy en la media”, confesó Trump.