La devastadora explosión revienta el Gobierno libanés

El primer ministro anuncia la dimisión en bloque del Gobierno y culpa a la «corrupción crónica» de Líbano por la catástrofe en el puerto de Beirut

Los primeros en llegar a la Plaza de los Mártires de Beirut fueron los vendedores ambulantes con souvenires de la bandera libanesa y llaveros y figuritas de madera con el puño que simboliza la revolución del 17 de octubre. También estaban allí antes del anuncio oficial de la dimisión del primer ministro Hasan Diab los manifestantes más violentos que ya habían comenzado a provocar a las Fuerzas de Seguridad que no tardaron en responder con gases lacrimógenos. En la plaza había sentimientos encontrados. Si bien muchos se alegraban por la renuncia al mismo tiempo temían que nuevo les vengan a gobernar los mismo perros con diferente collar.

«No, no estoy contenta. Qué mas da si ya han buscado un sustituto a Diab. Nos llevan tomando el pelo 30 años. Esta vez no nos volverán a engañar. Seguiremos manifestándonos hasta que caiga toda la elite política», dijo desafiante Fatima sentada en las escaleras de la mezquita de Al Amin, más conocida como la mezquita azul o de Hariri. Unos escalones más arriba se sentaban un grupo de chavales de Trípoli que llevaban desde hace tres días en Beirut, desde que estallaron las nuevas protestas.

«No nos vamos a ir hasta que nos devuelvan lo que nos han robado. En Trípoli estamos pasando hambre. No hay trabajo. No hay futuro. Queremos que nos devuelvan nuestra dignidad», dijo por su parte, Hassan, el cabecilla. «Que se vayan, que se vayan todos, no los queremos», agregó otro de su grupo. Es tanto el cansancio de la gente, por lo que han tenido que pasar que a muchos les da igual la renuncia del Gobierno. «Amigos, conocidos, familia todos hemos perdido a alguien, todos estamos de luto. No hay nada que celebrar», lamentó Sara, de Beirut. «La revolución ha vuelto a ganar. Aunque ¿hasta cuándo?», se preguntó Mariam, otra manifestante.

Los libaneses le han ganado una segunda batalla al Gobierno, pero sigue abierta otra guerra, donde florecen las tensiones sectarias. «Diab se sentó en la silla de poder y se pegó con ‘‘super glue'‘. Si se ha ido es porque lo han sacado de allí», sentenció Nader Hassani, general retirado. Los medios locales señalaron que el presidente del país, Michel Aoun, y el presidente del Parlamento, Nabih Berri, no estaban muy satisfechos con el anuncio de Diab durante un discurso este sábado, cuando anunció la celebración de elecciones parlamentarias anticipadas, sin haberles informado antes ni haber discutido la propuesta con ellos.

Antes de anunciar Diab la dimisión de su Gabinete, las Fuerzas de Seguridad que custodian el Parlamento libanés cargaron con fuerza contra los manifestantes que intentaron entrar a la plaza de la Estrella y corrían hacia todas partes para alejarse de los gases. Mientras, desde la mezquita de Al Amin el almuédano llamaba a la oración del magreb (anochecer). En menos de un minuto una lluvia de canastas de gases lacrimógenos, que caían como estrellas fugaces contra el suelo obligó a miles de personas a evacuar la Plaza de los Mártires.

La situación se volvió tensa cuando desde ningún sitio apareció el Ejército para rodear la plaza y sacar a los manifestantes de allí. La sensación de picor de ojos y garganta se sentía hasta en las calles del centro, a más de medio kilómetro de distancia.

Lo que iba a ser motivo de júbilo para los manifestantes acabó siendo otra batalla campal contra las Fuerzas de Seguridad. «Hemos regresado a la situación de hace seis meses, nada ha cambiado políticamente. Lo único es que ahora además hemos perdido nuestros hogares. No hay futuro en este país», exclamó Husein con lágrimas en los ojos no por la impotencia sino por los efectos del gas. «Nos están disparando directamente al cuerpo con las canastas de gas. Acabo de ver como un manifestante caía al suelo herido. Es como si te dispararan de verdad», denunció un joven que se tapaba la cara con un pañuelo palestino para que no se le reconozca.

En su discurso televisado, el primer ministro después de anunciar la dimisión de su gobierno dijo: «Que Dios proteja a Líbano». «El sistema de corrupción es más grande que el estado», manifestó Diab que reconoció que «uno de los ejemplos de corrupción explotó en el puerto de Beirut».

El primer ministro dimisionario lamentó que las fuerzas políticas «deberían haber cooperado para ayudar a Líbano y su gente», pero «algunos están viviendo en otra época y no les importa lo que pasó, lo único que les importa es sumar puntos políticos y dar discursos populistas».

Muchos piensas que es tarde, que debería haber sido en el siguiente instante de la explosión y no casi una semana después tremenda explosión de Beirut, que ha dejado más de 160 muertos y más de 6.000 heridos.