Las restricciones no frenan las protestas contra Netanyahu

En pleno cierre por la covid-19, miles de israelíes se manifiestan contra el «premier»

En la salida del Sabbat, el día de descanso judío, Israel entró en un punto de no retorno. Con un cierre total impuesto ante la descontrolada segunda ola de coronavirus –la semana pasada se superaron los 9.000 positivos diarios, y sigue siendo de los países con mayor tasa de contagio por población-, la coalición aprobó una medida que se preveía incendiaria: la limitación de las manifestaciones durante en tiempos de cierre.

Las protestas, que exigen hace meses la renuncia del primer ministro Benjamín Netanyahu por las causas criminales que afronta y la negligente gestión de la crisis de la covid-19, entraron en una fase de incertidumbre y descontrol a partir del atardecer del sábado. Netanyahu puso el foco en los manifestantes, tildandolos de “anarquistas que ponen en peligro la salud pública”, pero omitió mencionar grandes agrupaciones en otros sectores.

Recientemente hubo multitudinarias plegarias durante las festividades judías en el sector ultraortodoxo, que en buena parte rehúye cumplir con las limitaciones sanitarias, o masivas bodas en aldeas árabes. El clima de desconfianza y quiebra social parece irreversible, justo cuando se requiere contención y cierre de filas.

Con la nueva ley aprobada el jueves en la Knesset, se prohíbe protestar a más de un kilómetro del domicilio –un frenazo de facto a las grandes marchas semanales frente a la residencia oficial en Jerusalén-, y solo es legal hacerlo en cápsulas de hasta 20 personas. Esa misma noche, miles de jóvenes enfurecidos, clamando los eslóganes “¡revuelta”! y “¡vergüenza”, salieron a las calles de Tel Aviv, mareando a agentes que intentaban frenar sin éxito las improvisadas marchas por las calles de la ciudad.

Pero el sábado, ante los reportes de decenas de multas y detenciones a manifestantes que estaban a más allá de un kilómetro de su domicilio, miles de personas se esparcieron en decenas de concentraciones simultáneas por toda la urbe, y ante la pérdida de control, policías montados a caballo y motorizados cargaron indiscriminadamente. Se reportaron 48 detenciones, algunas con excesiva violencia, que corrían como la pólvora por redes sociales.

Además, el sábado también se contaron por lo menos cuatro agresiones por parte de simpatizantes de Netanyahu a manifestantes antigubernamentales, con rotura de nariz y mano en dos casos, y lanzamientos de botellas de vidrio. Según el movimiento civil opositor de las “Banderas Negras”, en todo Israel se registraron 350 marchas simultáneas, con más de 100.000 participantes. El colectivo acusó al gobierno de obsesionarse con las manifestaciones en lugar de lidiar con la profunda crisis generada por la pandemia: “Estamos en momentos históricos.

Están silenciando el criticismo público, pero no renunciaremos a la libertad de hacer oír nuestra voz. No pararemos hasta que Netanyahu renuncie”. Para el diputado opositor Eli Avidar (Israel Beitenu), la nueva ley anti-protestas supone que “nadie puede llamarnos ya la única democracia de Oriente Medio. Nos convertimos en una dictadura”.

Con una media de más de 8.000 positivos diarios, 70.712 casos activos y 1682 fallecidos, el Gobierno fijó el cierre total al menos hasta el 10 de octubre, pero desde el ejecutivo ya amenazan que se alargará. Y lo peor: no se habla de cómo, ni cuándo, se saldrá.