Turquía y Rusia se disputan en Nagorno Karabaj su influencia en el Cáucaso

Mientras Erdogan apoya militarmente a Azerbaiyán, Putin, tradicional aliado de Armenia, lidera una salida diplomática para no verse envuelto en otra crisis regional

Armenia y Azerbaiyán han reavivado el fuego de las disputas, y Rusia y Turquía, las principales potencias regionales, están removiendo las ascuas del fuego. Los enfrentamientos que estallaron el 27 de septiembre son la mayor escalada militar desde los noventa. Cientos de personas han muertos y más de la mitad de la población ha huido de las localidades cercanas a la línea del frente en Nagorno Karabaj.

Según expertos, el objetivo de Azerbaiyán seria recuperar Füzuli y Jabrayil, dos de los siete distritos fuera del ente autónomo de Nagorno Karabaj en la era soviética. En la guerra secesionista del Alto Karabaj, el Ejército armenio capturó ambas regiones en 1993 y creó una franja de seguridad y un corredor terrestre para unir Armenia con Nagorno Karabaj. «Bakú ve una oportunidad para recuperar los territorios perdidos hace casi tres décadas, después de haber logrado modestos avances en 2016», explica a LA RAZÓN el periodista armenio Aram Ananan.

Los esfuerzos de Azerbaiyán se han visto reforzados por Turquía, que ha brindado un sólido apoyo militar. Hay informes que aseguran que Ankara ha enviado mercenarios desde el noreste de Siria al frente en Nagorno. Esta medida no es nueva para Turquía, ya que también ha desplegado milicianos sirios en la guerra en curso en Libia. Las fuerzas aéreas turcas también están presentes en Azerbaiyán. De hecho, habría al menos dos cazas F-16 turcos en el aeropuerto internacional de Ganja, según la plataforma «Nagorno Karabaj Observer».

El Ministerio de Exteriores armenio denunció recientemente que uno de sus aviones Su-35 fue derribado por «un avión turco que operaba desde el aeropuerto de Ganja». El hecho de que el incidente ocurriera en el espacio aéreo armenio plantea la posibilidad de una intervención rusa en cumplimiento a la alianza militar de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) liderada por Rusia. A medida que se inflama el conflicto crece el riesgo de una confrontación directa entre el presidente Recep Tayyip Erdogan y Vladimir Putin.

Moscú y Ankara tienen intereses encontrados en el Cáucaso sur. Rusia adopta una postura equilibrada con vínculos tanto con Armenia –miembro de la OTSC y la Unión Económica Euroasiática (UEE)–, como con Azerbaiyán, ex republicas soviéticas. Moscú se beneficia del «statu quo» en la región del Cáucaso, lo que le proporciona una gran influencia sobre Bakú y Ereván.

Turquía, por el contrario, mantiene lazos étnico-familiares con Azerbaiyán por una cuestión histórica y es aliado militar y energético, mientras que no mantiene relaciones con Armenia. Hasta ahora, Ankara siempre había apoyado una solución política al conflicto de Nagorno Karabaj. Pero ahora el contexto ha cambiado, advierte Ananan. «En medio de una escalada de violencia, las demandas de Turquía para la retirada de Armenia de las regiones ocupadas insinúan que ha llegado el momento de que los azeríes tomen posesión de los territorios en cuestión y acorralen a los armenios», sostiene.

Al igual que en Siria y Libia, «Erdogan está esperando un acuerdo con Putin», señala Ananan. Pero para que la apuesta turca tenga éxito dependerá de las ganancias militares de Azerbaiyán. «Si eso sucede, podría proponer una iniciativa de paz a Rusia», indica. Con ello, Turquía se convertiría en un actor importante en el Cáucaso, a la par del grupo de Minsk de la OSCE (Rusia, Estados Unidos y Francia).

Además, no hay que olvidar que Rusia tiene otros fuegos que apagar primero, antes de meterse en el conflicto territorial de Nagorno, como las protestas en la vecina Bielorrusia, el envenenamiento de la figura de la oposición Alexei Navalni y ahora los disturbios en Kirguistán.

De hecho, Putin le recordó hace unos días al primer ministro armenio, Nikol Pashinian, que su compromiso con el acuerdo de defensa bilateral es «solo con Armenia» y no con Nagorno Karabaj. En respuesta, Pashinian dijo que «el Alto Karabaj es Armenia» y que, si no se actúa pronto, podría haber «un genocidio». Putin, por ahora, no tiene interés de abrir un nuevo frente de guerra.

Un conflicto internacional

Otro actor internacional es Francia, que junto con Rusia lideran el frente diplomático. Cuando estallaron los últimos enfrentamientos, París pidió el cese de las hostilidades, pero Ankara lo convirtió en otra disputa. Turquía se declaró «completamente preparada» para hacer «lo que sea necesario» para ayudar a Bakú» tanto en el terreno militar como en la mesa de negociaciones para «recuperar sus tierras ocupadas».

La determinación de Turquía de apoyar a Azerbaiyán levanta preocupaciones de una inminente operación militar turca contra Armenia. El conflicto en el Cáucaso está adquirido una dimensión internacional y si la situación en el territorio de Nagorno Karabaj sigue empeorando, las consecuencias podrían repercutir más allá de la región, involucrando también a Irán en el frente pro Armenia. A la República Islámica le preocupa la cooperación de defensa de su vecino Azerbaiyán con Israel y los lazos amistosos con Arabia Saudí.

La diplomacia internacional juega sus últimas cartas en Moscú, donde fueron invitados el viernes los ministros de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán y Armenia, Jeihun Bayrámov y Zohrab Mnatsakanián, respectivamente, para alcanzar un alto el fuego. Además, el lunes la capital rusa acogerá la segunda reunión del grupo de Minsk de la OCDE para impulsar una solución a la guerra entre Armenia y Azerbaiyán. Las perspectivas de éxito no son halagüeñas, y el conflicto en la región separatista podría volverse más violento.