Los combates fuerzan el éxodo de 75.000 civiles de Nagorno Karabaj

La aviación azerbaiyana bombardea la catedral de Shusha, segunda ciudad del enclave fronterizo

Azerbaiyán y Armenia, que apoya a los separatistas del Alto Karabaj, están en guerra total. Más de la mitad de la población de la región secesionista, unos 75.000 habitantes han huido a causa de los bombardeos y combates en la zona.

Desde el viernes pasado, Stepanakert, la capital de Nagorno Karabaj está bajo el intenso fuego de las tropas azerbaiyanas obligando a la población a refugiarse en los sótanos de las casas o a huir de la ciudad. Así lo denunció ayer, el Defensor de los Derechos Humanos de la región separatista, Artak Beglarian.

Según sus cálculos, «alrededor del 50% de la población se ha visto desplazada, un 90% de ellos son mujeres y niños. Hablamos de entre 70.000 y 75.000 personas». Decenas de miles de desplazados que han huido por el corredor de Lachin, la antigua carretera que conecta Stepakakert con Ereván han encontrado refugio en la capital de Armenia.

Uso de armas prohibidas

Beglarian también ha denunciado el uso de armas prohibidas, como bombas de racimo, por parte del Ejército azerbaiyano, contra la población, una declaración que ha sido corroborada por periodistas en el terreno y la organización Amnistía Internacional (AI). Expertos de AI han denunciado el uso de munición M095 DPICM de fabricación israelí, un tipo de bombas de racimo, contra civiles, después de haber rastreado imágenes satelitales de las zonas residenciales de Stepanakert y Shusha, e identificar este tipo de munición prohibida.

«El uso de bombas de racimo está prohibido por el derecho internacional humanitario en cualquier caso, por lo que su uso en ataques contra zonas civiles es especialmente peligroso y solo provocará más víctimas», declaró el martes el director de AI, Dennis Krivosheev.

En el terreno diplomático, el grupo de Minsk de la OCDE se reunió ayer en Moscú con el ministro de Relaciones Exteriores de Azerbaiyán, Ceyhun Bayramov, para buscar un acuerdo de alto el fuego. Sin embargo, los esfuerzos se están viendo paralizados por la parte de Azerbaiyán, que cuenta con la ayuda militar de Turquía para liberar los territorios que ellos califican de ocupados.

De hecho, mientras se estaba celebrando la reunión internacional para mediar en el conflicto, la artillería pesada azerí caía sin piedad sobre territorio del Alto Karabaj. Los proyectiles alcanzaron ayer por la mañana el tejado de la Catedral de Cristo Salvador, construida en el siglo XIX en Susha, la segunda ciudad más importante del enclave. Cuando los periodistas se acercaron a grabar los desperfectos, la iglesia sufrió un segundo ataque, en el que resultaron heridos tres reporteros.

Según precisó el Gobierno armenio varios periodistas «rusos y locales» habrían resultado heridos en los bombardeos.

Sin embargo, el ministerio de Defensa azerbaiyano desmintió la acusación de Ereván y dijo que no estaba implicado en el ataque. El «Ejército azerbaiyano no apunta contra los edificios y monumentos históricos, culturales ni, especialmente, religiosos», dijo en un comunicado el Ministerio.

Los enfrentamientos en los últimos doce días han dejado entre 300 y 400 muertos, entre ellos unos 50 civiles, según el balance oficial, pero Azerbaiyán sigue ocultando las cifras de sus bajas militares. Mientras Bakú tiene el apoyo incondicional de Ankara, Armenia espera que tanto Europa como EE UU, y especialmente Rusia, les apoyen en su causa.

El primer ministro armenio, Nikol Pashinian, advirtió de que Armenia podría enfrentar un «genocidio» si no se actuaba pronto. Pero por el momento, ni Rusia ni la OTAN tienen interés de entrar en el conflicto armado y abogan por la solución política.

«Por supuesto que ésta es una gran tragedia. La gente está muriendo, hay grandes pérdidas en ambos lados», dijo el presidente Vladimir Putin en una entrevista. «Se debe acordar un alto el fuego lo más rápido posible», remarcó.