Florida se rinde al rojo

El presidente habría repetido victoria en el Estado sureño con el 51,3% de los votos. La «historia de amor» se consolida

Hillary Clinton no logró hacerse con Florida en 2016 y el presidente Donald Trump esperaba repetir su victoria en este estado decisivo. Fueron 112.911 votos más los que cambiaron el color de Florida en las últimas elecciones. Trump se hizo con su primera presidencia gracias al 48,6% de los votos del estado del sur. Ayer, con el 91% escrutado, el mandatario lideraba el recuento con el 51,3%.

Sin embargo, tras lo que ocurrió aquí en 2000, los medios estadounidenses no se atrevían a dar la victoria oficial a Trump. Florida es un estado decisivo. No sólo es el tercer Estado más poblado de EE UU, sino que históricamente, quien gana en Florida, entra en la Casa Blanca. Salvo la excepción de 1992, las primeras elecciones que ganó Bill Clinton, siempre se ha cumplido esta regla.

Un total de 11,7 millones de votantes ejercieron su derecho a voto en estas reñidas elecciones. La mayoría, más de 8,9 millones, lo hicieron por anticipado, por lo que ayer fue una jornada muy tranquila.

«Florida otorga 29 votos electorales, eso es uno de los grandes estados. California (55) siempre es demócrata, Texas (38) ,republicano, por lo que lo lógico es necesitar Florida matemáticamente para ganar», explica Bryan Lanza, experto en estrategia republicana. La táctica de Trump respecto a los hispanos ha cambiado completamente de 2016 a 2020. Hace cuatro años, el magnate hacía comentarios hirientes y tenía numerosas salidas de tono contra la comunidad hispana. Esta vez ha suavizado su ira y mensaje antimigración. Ayer hasta tuiteó en español.

«Todo candidato a la presidencia necesita una cantidad significativa del voto hispano. Creo que el presidente Trump ha encontrado una audiencia muy receptiva entre la comunidad hispana que se ha beneficiado de los buenos resultados económicos de Trump: con un récord histórico de empleo, con un récord histórico de creación de nuevos y pequeños negocios», indica Lanza, que también formó parte del equipo de transición del mandatario en 2016. «Se ha convertido como en una historia de amor mutua y de ahí el cambio del presidente Trump en este sentido», argumenta Lanza.

«Trump necesita recrear el mapa de 2016 para ganar, que incluye Florida. Trump no puede ganar las elecciones sin Florida», indica Justin Whitely Holmes, profesor de Políticas en la Universidad de Northern Iowa. Lo cierto es que Trump se ha desvivido por Florida y aquí ha dedicado buena parte de sus recursos y tiempo con numerosos actos de campaña. En el último, en Opa-Locka el domingo, quedó evidenciado que sus simpatizantes lo ven como una especie de mesías, un salvador al que esperan retener otros cuatro años más en la Casa Blanca.