El Partido Republicano respalda a Trump (al menos públicamente)

El líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, defiende el derecho del magnate a cuestionar los resultados electorales

El líder republcianod el Senado, Mitch McConnell, ayerSusan WalshAP

La administración Trump no está facilitando la transición presidencial: el presidente Donald Trump impide que los funcionarios del gobierno cooperen con el equipo del presidente electo Joe Biden y el fiscal general William Barr ha autorizado al Departamento de Justicia a investigar acusaciones infundadas de fraude electoral.

Algunos republicanos, incluido el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, están apoyado los esfuerzos de Trump para luchar contra los resultados de las elecciones. Pocos son aquellos que en el Partido Republicano han reconocido la victoria de Biden o han condenado el despido fulminante del secretario de Defensa Mark Esper.

Los acontecimientos arrojan serias dudas sobre si la nación será testigo del mismo tipo de transición de poder que ha anclado su democracia durante mucho tiempo. El Colegio Electoral está programado para confirmar formalmente la victoria de Biden el 14 de diciembre, y el demócrata tomará posesión del cargo a fines de enero.

No se descarta que Trump realice mítines como si de una campaña electoral se tratara para mantener a sus seguidores, a pesar de de su derrota. Entre las filas republicanas, a muchos no les sorprendió la destitución de Esper. De hecho, esperan nuevos despidos de los que no han sido lo suficientemente leales, como el director del FBI, Christopher Wray, la directora de la CIA, Gina Haspel, o el Dr. Anthony Fauci, experto en enfermedades infecciosas.

McConnell ha dado un paso al frente y ha arropado a Trump en su lucha: “Nuestras instituciones están realmente diseñadas para esto”, dijo McConnell al inaugurar el Senado el lunes. “Tenemos el sistema establecido para que se consideren las preocupaciones y el presidente Trump está 100% en su derecho de investigar las denuncias de irregularidades y sopesar sus opciones legales”. El líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, respondió que la negativa de los republicanos a aceptar los resultados de las elecciones era “extremadamente peligrosa, extremadamente venenosa para nuestra democracia”.

Otros senadores republicanos no se alinearon tanto con Trump y reconocieron, tímidamente eso sí, la victoria de Biden, como el senador Ben Sasse de Nebraska o la senadora Susan Collins. Pero son minoría, en general se muestran reacios a hablar sobre las elecciones, ya que ven pocos incentivos políticos para adoptar una postura firme sobre la transición de Trump desde la Casa Blanca.

Los republicanos en Capitol Hill han dudado en presionar a Trump para que ceda ante Biden, sabiendo que eso enfadaría a la base de partidarios más devotos de Trump. La táctica es nadar y guardar la ropa, no alentar abiertamente las afirmaciones infundadas de fraude del presidente pero a la vez permitir que haya dudas infundadas sobre el proceso electoral.

Añadiendo más incertidumbre, la Administración de Servicios Generales postergó el inicio formal de la transición, evitando que los equipos de Biden obtengan acceso a las agencias federales.

Los funcionarios de la Casa Blanca y los designados políticos de Trump informaron al personal de carrera del gobierno que no comenzarían a actuar sobre la planificación de la transición hasta que la GSA la aprobara, según funcionarios familiarizados con el asunto. La consigna es no moverse hasta que no lo haga el magnate.

En su círculo íntimo aumenta la certeza de que el resultado de las elecciones será imposible de anular. Algunos altos funcionarios han intentado argumentar que Trump debería centrar sus esfuerzos en cimentar su legado, pero temen ser etiquetados como desleales por siquiera pensarlo.