“El triunfo de los talibanes empezó con Obama y se aceleró con el acuerdo de Trump en Doha”

Christoph Zürcher, profesor de la Escuela de Asuntos Públicos de la Universidad de Ottawa, analiza para LA RAZÓN el vacío dejado por Estados Unidos en Afganistán tras la retirada de sus tropas

Combatientes talibanes entrenan con sus armas en algún lugar de Afganistán
Combatientes talibanes entrenan con sus armas en algún lugar de Afganistán FOTO: Stringer Afghanistan REUTERS

-¿Cree que la victoria de los talibanes en Afganistán era inevitable?

-El triunfo del movimiento integrista en el avispero afgano se hizo cada vez más probable con el paso de los años. El anuncio del entonces presidente Barack Obama de reducir el despliegue de las tropas (2011) fue una clara señal de que para Estados Unikdos una solución militar no era posible. El «trato» en 2020 del presidente Donald Trump con los talibanes (aunque excluyó al Gobierno de Afganistán) fue básicamente una rendición y redujo drásticamente las posibilidades de un acuerdo político entre las partes. Después de ese Acuerdo de Doha, lo mejor que se podía esperar habría sido un consenso para un poder compartido, en el que los talibanes serían, en última instancia, la parte más fuerte. Por cierto, es digno de mención que una clara mayoría de afganos estaba dispuesta a aceptar un Gobierno liderado por los talibanes a cambio de la paz. Este dato ilustra el fuerte deseo de la población civil de poner fin a la guerra. Esto también puede ayudar a explicar por qué el Gobierno afgano se desvaneció tan rápido.

-¿Quién ocupa actualmente el vacío dejado por Estados Unidos en Afganistán? ¿Qué papel va a jugar Pakistán, Rusia y China, entre otros actores, en este nuevo escenario que se abre?

-Es muy posible que estos tres países contribuyan a dar algo de legitimidad al régimen integrista, y probablemente lo hagan, en parte, para «molestar» a las potencias occidentales. Pero ni Rusia ni China estarán dispuestas a invertir tanto en Afganistán como lo ha hecho Estados Unidos y los países aliados bajo el paraguas de la OTAN. Su interés es en parte geopolítico (ejercer un contrapoder a Occidente), pero más aún les interesa gestionar y controlar los peligros de una extensión de la región musulmana (y de su versión más extrema) sobre Asia Central y Uigur en China.

-Rusia y China no han cerrado sus embajadas en Kabul y ya han abierto contactos con los talibanes. Más allá del diálogo que condujo al Acuerdo de Doha con los integristas, ¿cuál va a ser la posición que va a mantener Estados Unidos con el movimiento islamista al que ha combatido durante 20 años?

-Estados Unidos debería utilizar y utilizará la poca influencia que le queda (básicamente: dinero de ayuda y sanciones) para presionar a los talibanes con el fin de que no reviertan todo lo que se ha logrado en Afganistán.

-¿Cómo se va a rediseñar la Administración Biden ahora su política hacia Asia Central?

-No estoy seguro. Dependerá de la reacción de los talibanes. Espero que mantengan esta «ofensiva de encanto» para evitar las sanciones y obtener algo de dinero del exterior. Lo que Estados Unidos y Occidente deberían hacer es desarrollar una estrategia de ayuda clara: Afganistán necesita ayuda humanitaria, ahora más que nunca. Pero, ¿cómo se puede entregar esta ayuda sin legitimar a los talibanes y cuáles son las líneas rojas? Estos son los grandes interrogantes.