Las cenizas del volcán islandés Eyjafjalla que paralizaron el tráfico aéreo en Europa

Hace once años, el temor a que las partículas volcánicas para los motores de los aviones hizo que doce países cerraran su espacio aéreo

Imagen del Eyjafjallajokull, otro volcán en activo de Islandia
Imagen del Eyjafjallajokull, otro volcán en activo de Islandia

Hasta el 14 de abril de 2010, la erupción disminuida del volcán islandés Eyjafjalla no pasaba de ser una atracción turística en medio del glaciar Eyjafjallajökull. Sin embargo, ese día comenzó una segunda erupción que en pocas horas desató el caos en doce países europeos que llegaron incluso a cerrar su espacio aéreo, una opción descartada en el caso del volcán Cumbre Vieja de La Palma. ¿El motivo? Se temió que las abrasivas cenizas volcánicas, formadas por finísimas partículas de roca, pudieran daña el fuselaje de los aviones y acabar bloqueando y parando sus motores, un riesgo que ningún país afectado quiso asumir.

Todo sucedió al abrirse en el cráter una segunda grieta bajo el hielo del glaciar. “Cuando el magma encuentra hielo, aumenta la potencia de la erupción y ésta se vuelve claramente explosiva”, explicó Karsten Haase, del Centro Geológico de Baviera del Norte, quien sumó un particularidad con respecto a los otros volcanes islandeses, y es que la composición de las explosiones del Eyjafjalla contenía una alta cantidad de gas.

Imagen de archivo. Islandia, en alerta por la posible erupción de un nuevo volcán
Imagen de archivo. Islandia, en alerta por la posible erupción de un nuevo volcán

Del Eyjafjalla emergió una nube de vapor de agua y cenizas que llegó a alcanzar una altura de entre 8.000 y 11.000 metros, principal motivo de preocupación en Noruega, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, el norte de Francia, Polonia, Alemania y Rusia. Había un antecedente de los efectos de la ceniza volcánica en los aviones. En 1982, un Boeing de British Airways que sobrevolaba el volcán Mount Galunggung, en Indonesia, sufrió la parada de sus cuatro reactores durante varios minutos por el efecto de las cenizas expulsadas desde el volcán. Afortunadamente los pilotos lograron abandonar el área peligrosa planeando el aparato hasta llegar a tierra sin posteriores sobresaltos.

El Eyjafjalla, que llevaba 200 años dormido, provocó la cancelación de 900.000 vuelos y obligó a cientos de islandeses a abandonar sus hogares. Aquella erupción fue una más en la larga lista de volcanes activos de Islandia. En este país actualmente sigue la erupción cerca del monte Fagradalsfjall, que se ha convertido después de seis meses de expulsión de gases, piedras y lava en la más larga en Islandia desde los años sesenta. Hasta ahora ha expulsado casi 143 millones de metros cúbicos de lava, pero este volumen es considerado relativamente pequeño al expulsar once veces menos lava que otra erupción en Islandia, ocurrida entre 2014 y 2015, en Holuhraun.

El volcán Fagradalsfjall alarmó a Islandia por su proceso de erupción el pasado mes de marzo.
El volcán Fagradalsfjall alarmó a Islandia por su proceso de erupción el pasado mes de marzo. FOTO: Instagram La Razón

En 1783, la erupción de otro volcán en Islandia, el Laki, provocó una enorme nube de ceniza y gases sulfurosos que provocó un drástico aumento de la tasa de mortalidad en varios países. Otro de los volcanes más activos en Islandia es el El Grimsvoetn, situado bajo el glaciar Vatnajoekull, el más grande del país, donde en 2020 experimentó actividad, pero nada comparado con la potente erupción en 2011, la mayor para este volcán en un siglo, más potente incluso que la del Eyjafallajoekull.