Los talibanes acogen a una periodista neozelandesa embarazada

Paradójicamente, uno de los países del mundo donde los derechos de las mujeres están más en riesgo fue el más permisivo con Charlotte Bellis

La periodista Charlotte Bellis
La periodista Charlotte Bellis FOTO: Instagram

“¿Qué van a hacer para proteger los derechos de las mujeres y de las niñas?”. Charlotte Bellis, periodista neozelandesa, formuló esta cuestión al portavoz del Gobierno talibán de Afganistán, Zabiullah Mujahid, cuando tomaron el control de Kabul en agosto. Se la planteó durante la primera rueda de prensa en 20 años del movimiento integrista musulmán y, tal y como confesó la exreportera de Al Jazeera en una columna escrita en The New Zealand Herald, “lo que nadie sabe es que una semana después concebí a una niña”.

Se percató de que estaba embarazada, en Doha, Catar, donde vivía, mientras su pareja, el fotógrafo belga de The New York Times, Jim Huylebroek, no conseguía salir de la capital afgana, envuelta en el caos inicial de la llegada del nuevo régimen. De la sorpresa inicial de Bellis, a quien los médicos le habían dicho que no podía tener hijos, la periodista pasó a la inquietud: en Catar es ilegal estar embarazada fuera del matrimonio. No estaba casada, así que su única opción era abandonar el país.

Bellis comenzó los trámites para regresar a Nueva Zelanda, una de las naciones con la política fronteriza más férrea durante la pandemia. El Gobierno de Jacinda Arden lidia con el covid-19 desde una perspectiva proteccionista y esto significa que el número de ciudadanos kiwis y residentes a los que se les permite la entrada es muy limitado. El país oceánico ha conseguido mantener la propagación del virus al mínimo durante dos años y tan sólo ha registrado 52 muertes por el virus entre su población de cinco millones de habitantes. Sin embargo, el precio que están pagando sus ciudadanos residentes en el extranjero y que desean volver es muy alto.

Charlotte Bellis posa en una fotografía con su pareja Jim Huylebroek en Kabul, Afghanistan.
Charlotte Bellis posa en una fotografía con su pareja Jim Huylebroek en Kabul, Afghanistan. AP

El programa nacional de ‘Gestión de Aislamiento y Cuarentena’, se encarga de coordinar la entrada de sus expatriados y en este momento está absolutamente colapsado. Estaba previsto que las fronteras se abrieran en marzo aunque la variante omicron ha cambiado los planes. Tras varios intentos, los permisos que Bellis pidió para regresar le fueron denegados; tampoco tuvo suerte en el sistema de lotería que usan miles de ciudadanos. Sus opciones se redujeron considerablemente: en Bélgica, país natal de su pareja, tan sólo puede pasar tres de cada seis meses, Catar era inviable y Nueva Zelanda parecía imposible. Tan sólo les quedaba una opción: la Afganistán talibán, donde tanto ella como su pareja tenían visa activa, y donde fallecen 638 de cada cien mil mujeres que dan a luz. La predicción para 2025 es de 50.000 a 70.000 muertes.

Bellis se reunió con la misma cúpula talibán a la que cuestionó en agosto, les explicó la situación y recibió una respuesta explícita: “Puedes venir y no tendrás ningún problema. Sólo dile a la gente que estás casada y si la cosa va a más, llámanos. No te preocupes. Todo irá bien”.

Paradójicamente, uno de los países del mundo donde los derechos de las mujeres están más en riesgo fue el más permisivo con Bellis, mientras que su lugar de nacimiento y una de las naciones donde las libertades están más protegidas, le cerró las puertas. Tras varias semanas en Afganistán, la presión de Bellis desde su posición de periodista ha surtido efecto y, finalmente, ha conseguido un trato preferencial en su anhelado regreso a casa para dar a luz a una niña en mayo.