Los bombardeos rusos matan a 40 niños desde el inicio de la guerra

Un ataque nocturno en la ciudad de Sumy acabó con la vida de al menos a dos menores en un edificio residencial

Un hombre abraza a su hijo tras huir del conflicto de Ucrania en la frontera con Rumania
Un hombre abraza a su hijo tras huir del conflicto de Ucrania en la frontera con Rumania FOTO: Andreea Alexandru AP

Crece el número de niños muertos en la guerra de Ucrania tras los bombardeos en un barrio residencial de la ciudad de Sumy (al este de Kiev), donde dos menores de edad murieron tras un ataque de las tropas rusas a las diez de la noche de este lunes, según confirmó el jefe de la administración estatal regional de esta ciudad, Dimitro Zhivitskii. “Ha sido completamente borrado de la faz de la tierra. Estas son casas particulares. Lamentablemente, hay víctimas. Entre ellos hay niños”, ha dicho, según han confirmado las agencias de noticias ucranianas Ukrinform y Unian.

La comisionada para Derechos Humanos del país, Liudmila Denisova, dijo este lunes a través de un mensaje en Telegram que hasta la fecha se ha confirmado la muerte de 38 niños, a lo que hay que sumar los dos de anoche, mientras que 71 han resultado heridos, si bien ha dicho que “esta cifra no es final, ya que es imposible lograr información precisa sobre el número de muertos y heridos en Mariúpol, la región de Donetsk e Irpin”.

“Durante el último día ha muerto un niño de un año y medio como resultado de un ataque con proyectiles de los ocupantes rusos en Mariúpol”, detalló, antes de agregar que “en Bucha, dos niños heridos en estado grave murieron ante la ausencia de atención médica”. Asimismo, Denisova ha reseñado que “cuando salían de Irpin, en la región de Kiev, las tropas rusas abrieron fuego contra civiles cuando intentaban evacuar la ciudad”. “Murieron al menos tres personas, incluidos dos niños”, añadió, antes de agregar “las Fuerzas Armadas de Rusia siguen violando gravemente los derechos fundamentales de los niños”.

El centro de la ciudad, arrasado

Julia Lapina, de 33 años, empleada en una empresa de tecnología en Sumy, dijo a Efe que habló por teléfono con una colega de Akhtyrka, a unos 80 kilómetros de Sumy, y que ésta lloró al contar que el centro de su ciudad había sido arrasado por completo. El alcalde de Akhtyrka, Pavel Kuzmenko, escribió en su Facebook, que hubo dos ataques a la ciudad en el curso de la noche y que estos afectaron infraestructuras importantes como el alcantarillado, el suministro de agua potable y la red eléctrica.

Según la vice primera ministra, Irina Vereshuk, a lo largo del día se deberá abrir un corredor humanitario para la evacuación de personas de la región a lo largo de la ruta Sumy-Golubovka. Pese a ello, Julia Lapina no piensa irse de Sumy y pide aviones para hacer disputarle a los rusos el dominio del espacio aéreo. “Ucrania necesita aviones, de lo contrario está pesadilla continuará”, dijo.

Ella envió a sus padres al oeste de Ucrania pero ella ha decidido quedarse. “No me iré a ningún lado, estoy lista para resistir”, dijo. Con Julia viven cuatro adultos y dos niños. Uno de los adultos es Nikolai, de 51 años, comerciante y dueño de varias tiendas en la ciudad. “Al principio mi odio contra los rusos era ardiente pero ahora es frío. Mi corazón está congelado en relación con los rusos. Ya sean militares o civiles, soy frío con ellos”, explicó.

Nikolai asegura haber intentado inútilmente establecer comunicación con los rusos e incluso con familiares suyos que han vivido y trabajado en el norte de Rusia durante mucho tiempo. “No he podido explicarles lo que está pasando aquí. Para ellos, esta es una operación militar contra los nazis ucranianos. Para nosotros es una guerra patriótica por la libertad”, segura.

“Los rusos están zombificados por sus medios. Y además tienen mucho miedo no solo de hablar, sino también de escuchar la verdad, incluso de nosotros, sus familiares”, dijo Nikolai por teléfono a Efe.

Nikolai tiene prisa por abrir sus tiendas y comercializar los productos restantes. Es extremadamente difícil importar nuevos debido a la guerra. “La luz y el agua sigue ahí. Los productos también, pero no sé cuánto durarán. La casa tiene un sótano. esperamos que el nos ayudará a sobrevivir”, dice este residente de la ciudad de Sumy y se pone a trabajar.