Internacional

Bolsonaro, el mesías que Brasil necesita según los evangélicos

Las iglesias protestantes han sido un apoyo clave para el auge del candidato de extrema derecha en las elecciones brasileñas

Las iglesias protestantes han sido un apoyo clave para el auge del candidato de extrema derecha en las elecciones brasileñas

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«En mi iglesia la mayoría de los feligreses van a votar a Bolsonaro, yo mismo les animo a que lo hagan. Es un candidato honesto y limpio que defiende los fundamentos de la Biblia». Habla Clovis Mendes Carvalho, de 44 años, al lado de su templo, al oeste de Sao Paulo. Clovis es un pastor de la iglesia del Avivamiento de la Fe, una de las 1.300 iglesias evangélicas que hay en Brasil, y que han alimentado el ascenso de Bolsonaro desde que éste era un candidato marginal hace unos meses para la gran mayoría de brasileños.

En estas elecciones, «la agenda moral es muy fuerte», asegura Ana Carolina Evangelista, una investigadora del Instituto de Estudios Sociales y Religiosos de Río de Janeiro. Los años de los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), primero con Lula da Silva y después con Dilma Rousseff, trajeron cambios sociales en educación, políticas de género y derechos LGBT que han soliviantado a los sectores más conservadores. «No es normal que a niños de seis años les enseñen en las escuelas todo sobre el sexo. Muchas leyes del PT han contribuido a romper a las familias y los valores clásicos», se queja el pastor Clovis.

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Desde las filas evangélicas se ha demonizado a Lula y retratado como el causante de todos los males del país. En este contexto de polarización, Bolsonaro se erige como el salvador de un Brasil enfadado y desmoralizado. «Ha sabido identificar ese nicho y llegar al corazón de la gente. Él no es evangélico, pero sabe cómo hablarles. Ha sabido capturar el sentimiento moralista de la gente con un discurso de fácil comprensión», asegura a LA RAZÓN el diputado Carlos Bezerra Jr, del partido de centroderecha PSDB. «En realidad Bolsonaro es la antítesis del mensaje contenido en las Sagradas Escrituras», añade Bezerra, quien considera «importante, pero no determinante el apoyo de los evangélicos».

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Además, si algo caracteriza a las iglesias evangélicas es su diversidad. De hecho, hay una parte notable que ofrece una orientación más progresista y que ha pedido el voto para el izquierdista Fernando Haddad. En los últimos años, estas iglesias han comido terreno al catolicismo. Se calcula que para el próximo censo oficial de 2020, casi el 40% de la población brasileña se declarará evangélica. «Crecen rápido porque saben llegar al público», dice Ana Carolina. «Muchas son iglesias independientes, no están jerarquizadas y usan un lenguaje directo, lo que les permite instalarse más fácilmente en las comunidades pobres».

Muchas de estas iglesias difunden la teología de la prosperidad (en contraposición con la teología de la liberación, de corte marxista y surgida precisamente en Brasil) y operan con una actitud empresarial. La gente más pobre se acerca en busca de una mejora material y de remedios para sus enfermedades. Además, están muy implantadas tanto en las zonas urbanas, especialmente en las favelas, donde muchas veces los servicios del Estado (salud y educación) no llegan, como en las zonas más deprimidas del nordeste del país, tradicional feudo del partido de Lula.

En las elecciones al Congreso del 7 de octubre, los evangélicos lograron 75 escaños de los 513, mientras que son 198 los que componen el Frente Parlamentario Evangélico. Todos ellos estarían dentro de la «bancada de las tres B» (buey, bala y Biblia), el lobby que defiende los intereses del campo, del sector de la seguridad y de la religión. La proyección de los evangélicos también se va amplificada por el grupo mediático del obispo millonario Edir Macedo, fundador y líder de la Iglesia Universal del Reino de Dios, que posee TV Record, una de las más vistas en Brasil y a la que Bolsonaro trata especialmente bien.

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Los evangélicos también están presentes en otros sectores de la sociedad, como en el ámbito de la justicia, en la policía y en el deporte, y gestionan sus propios grupos de Whatsapp y Facebook, muy activos en esta campaña electoral, donde la influencia de los medios tradicionales como la televisión ha sido mucho más limitada que en elecciones anteriores.

En Brasil están arraigadas las iglesias neopentecostales, que ponen el énfasis no en el paraíso sino en la vida presente. También dividen el mundo entre Dios y el diablo y creen en manifestaciones sobrenaturales. No sólo abarcan a segmentos pobres de la sociedad. Por ejemplo, la Iglesia Bola de Nieve ha crecido en zonas adineradas de Sao Paulo, Florianópolis e Itacaré, mostrando así su capacidad de adaptación. Como escribe el periodista Sergio Gwercman: “Es solo una prueba más de que la obras de Dios llegará a todos los corazones”.

Bolsonaro mantiene un vínculo muy estrecho con pastores relevantes en Brasil como Silas Malafaia, quien ofició la tercera boda del candidato de extrema derecha en 2013. Tres años después, el ex militar viajó hasta el río Jordan, en Israel, para ser bautizado por Everaldo Dias, otro pastor que fue candidato en las elecciones de 2014. “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”, suele decir el hombre que según las encuestas se convertirá en el próximo presidente del país.