Internacional

El futuro de Erdogan se juega en Estambul

El presidente turco aspira a retener la capital económica y cultural de Turquía en medio de las acusaciones de fraude.

El presidente turco aspira a retener la capital económica y cultural de Turquía en medio de las acusaciones de fraude.

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Cuando se anularon las elecciones de Estambul hace un mes y medio con alegaciones de irregularidades, el presidente Recep Tayyip Erdogan confió plenamente en que su candidato del Partido de Justicia y Desarrollo (AKP), Binali Yildirim, ganaría en la repetición de las votaciones. En las municipales del 31 de marzo, el AKP perdió las principales metrópolis de Turquía, cuyas economías representan casi dos tercios del PIB del país. Esto supuso un duro golpe para Erdogan, pero ninguna derrota se compara con la agonía de perder Estambul. El todopoderoso presidente que comenzó su ascenso al poder con la alcaldía de la capital cultural de Turquía es consciente, no solo del poder financiero de Estambul, sino también de su poder simbólico. En muchas ocasiones Erdogan ha advertido como presidente que «si perdemos Estambul, perdemos a Turquía».

La pregunta ahora es si Erdogan aceptará el nuevo resultado si vuelve a ganar el candidato opositor, el secularista, Ekrem Imamoglu. De hecho, las últimas encuestas antes de que los turcos regresen de nuevo hoy a las urnas para elegir al nuevo alcalde, indican que Imamoglu se sitúa entre dos y cuatro puntos por encima de Yildirim.

Se abre un periodo de incertidumbre en Turquía en un momento delicado entre Washington y Ankara, en el que está en juego varios asuntos como el futuro del norte de Siria y el acercamiento de Turquía a Rusia en materia de cooperación militar con la compra del sistema antimisiles S-400 ruso, fuera de los estándares de la OTAN y en consecuencia, el Pentágono amenazó con dejar de entrenar a los pilotos turcos para sus F-35. Después del resultado de la elección se verá si «EE UU sancionará militarmente a Turquía», indicó a LA RAZÓN, el periodista Ali Cumal.

La cancelación de la elección de Estambul frustró la esperanza que aún tiene la oposición en el proceso democrático, al mismo tiempo les animó a regresar con fuerza, pero para volver a ganar la alcaldía se necesita mucho más que entusiasmo. Los turcos están más preocupados por la economía y temen que un nuevo período de inestabilidad baje más el valor de la lira turca. A juicio de Cumal, la oposición jugará su baza, llevándose a «un número significativo de votantes» del AKP que se cuestionan «por qué tienen que ir a las urnas por segunda vez, y por qué el país tiene que sufrir las consecuencias económicas de una nueva elección». Los pequeños partidos de izquierda han sacrificado a sus candidatos para que sus partidarios voten por Imamoglu. Así, el ex presidente del Partido Demócrata Popular (KHD), Selahattin Demirtas, encarcelado desde 2016, pidió a sus seguidores el apoyo a Imamoglu. El hecho que el HDP no haya nombrado un candidato para la votación de la alcaldía de Estambul, es una muestra de apoyo sin precedentes al candidato progresista. Así, los kurdos de Estambul están listos para desempeñar hoy un papel en las urnas que sin duda influirá en el resultado de las elecciones a favor de Imamoglu.

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Se desconoce qué pasará con el tercer candidato en liza, Necdet Gokcinar, del islamista Saadet. Aunque en las elecciones de marzo el partido Saadet obtuvo un miserable 1,21%, cada voto cuenta en estos comicios. Así, Gokcinar se ha convertido en el verdadero rival de Yildirim ya que el AKP perderá una parte de los votos que irán al candidato islamista. «No hay duda de que la gente en Estambul cree que Imamoglu fue víctima de las argucias del AKP. Si la elección fuera libre y justa, ganaría», sentenció a LA RAZÓN Ugur Guvenc, universitaria turca.

Pero pocos confían en la transparencia de esta votación. Según medios turcos, el AKP está hablando de expandir las listas de votantes para incluir a los aproximadamente 400.000 electores que viven en Estambul, pero que están registrados en las ciudades y pueblos de donde provienen. «Las elecciones pueden no ser suficientes para un cambio de gobierno en Turquía», lamentó Onur Ermit empleado de un comercio en la peatonal calle Istiklal. A su juicio, si el gobernante AKP hubiera aceptado la derrota del 31 de marzo, «las desventajas podrían haber sido menos severas que las consecuencias inevitables que enfrentará ante una posible derrota» hoy. «Si Erdogan hubiera consentido perder Estambul y dejar que Imamoglu permaneciera como alcalde, la gestión de esa derrota hubiera sido más fácil», insistió Ermit. «Si el islam político de Erdogan hubiera sido capaz de respetar los resultados de las elecciones habría mostrado a la comunidad internacional que el cambio político en Turquía es posible a través de las elecciones. Sin embargo, ahora el presidente turco y su Gobierno han sufrido una enorme pérdida de legitimidad, difícil de recuperar a largo plazo», advirtió Cumal. «Es la primera vez que un candidato perdedor en Estambul no reconoce el resultado electoral. El ascenso al poder de Erdogan comenzó en Estambul y no podía permitirse perderlo», insistió el periodista. Por esa razón, al electorado le preocupa que «el AKP haga todo lo que esté a su alcance para ganar», aseveró Cumal.

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Gane quien gane las elecciones, Turquía continuará atrapada en un ciclo de violencia, con más opresión a los disidentes y se seguirán vulnerando las libertades fundamentales en el futuro próximo. Incluso, se espera que se establezca un clima de violencia que asegure la victoria del gobernante AKP. No obstante, hay que tener en cuenta que el impacto de la crisis económica y la gran indignación de los electores de Estambul por la injusticia electoral que se le hizo, podría hacer cambiar las tornas.