Actualidad

El presidente de Israel promueve un gobierno de unidad nacional en Israel

Cobra fuerza la fórmula de la rotación en un ejecutivo de unidad. Netanyahu y Gantz gobernarían dos años cada uno

Cobra fuerza la fórmula de la rotación en un ejecutivo de unidad. Netanyahu y Gantz gobernarían dos años cada uno

Publicidad

Tras confirmarse la victoria por la mínima en la repetición de las elecciones de Israel del ex comandante en jefe del ejército Benny Gantz, se están produciendo encuentros políticos a todos lo niveles para intentar lograr los apoyos necesarios para conformar una coalición que sume al menos el apoyo de 61 diputados, la cifra mágica que otorga la mayoría en una Knesset de 120 sillas. Gantz ganó, pero sabe que podría correr la misma suerte que Tzipi Livni en 2009, quien a pesar de lograr un escaño más, perdió la partida de ajedrez frente a Benjamin Netanyahu.

Tras hacer una ronda de consultas con los líderes de las nueve listas con representación parlamentaria, el presidente del país Reuven Rivlin -quien debe asignar a un candidato la tarea de formar gobierno-, constató que en primera instancia ni Gantz ni su contrincante, Netanyahu, disponen de los apoyos necesarios.

Publicidad

El líder del Likud cuenta con la lealtad bajo firma de Yamina (sionismo religioso) y de los ultraortodoxos Shas y Yahadut Hatorá, con quienes suma 55 votos. Gantz cuenta con el apoyo implícito del centroizquierda -Frente Democrático y Avodá-Gesher-, y el sorpresivo voto favorable de 10 de los 13 diputados de la Lista Árabe Unida, lo que sumaría 54.

Publicidad

Por ello, Rivlin está promoviendo con fuerza la opción de un gobierno de unidad nacional, una vía que apoyaron cargos del Likud y de Azul y Blanco incluso antes de los comicios. No obstante, desde la “lista de los generales” se matizaba que estaban abiertos a esta opción en caso de que Netanyahu diese un paso al costado, conscientes de que próximamente podría estar sentado en el banquillo de los acusados por tres casos separados de fraude, soborno y abuso de confianza.

El actor clave en esta opción que gana enteros podría ser el derechista laico Avigdor Lieberman, líder de Israel Beitenu -quinta fuerza con 8 diputados-, a pesar de sus duros enfrentamientos con Netanyahu al abandonar el cargo de ministro de defensa a finales de 2018 por lo que consideró una “rendición ante el terror de Hamás” del premier, que aceptó firmar una tregua en Gaza y permitir la entrada de millones de dólares qataríes a la franja palestina.

En abril, fue de nuevo Lieberman quien propició la repetición electoral, cuando no tragó con las demandas impuestas por los ultraortodoxos para firmar el acuerdo de coalición que cocinaba Netanyahu. Pero en Israel la memoria política apenas existe, y las viejas enemistades pueden tornarse en nuevas alianzas.

Publicidad

Tras un breve encuentro entre Gantz y Lieberman, los equipos de ambos publicaron comunicados de prensa similares, remarcando que “compartieron puntos de vista”, y que “si es necesario, se emplazarán a nuevas reuniones”. Horas después, Lieberman incidió en la que fue su propuesta estrella de campaña, un gobierno de unidad para un estado judío no guiado por la ley religiosa, y celebró que los dos grandes partidos han “internalizado” su propuesta.

“El debate se centra ahora sobre quién debería servir primero y quien segundo como primer ministro”, dijo dando por hecho que Gantz y Netanyahu aceptarían la fórmula de rotación. Y precisó: “espero que Rivlin obtenga éxitos convenciendo a las dos partes”. Por ahora, Lieberman no ha mantenido contacto formal con Netanyahu desde las elecciones del día 17. Además, remarcó de nuevo que no está dispuesto a sentarse junto a religiosos, ni a dar por bueno el apoyo de los árabes.

Precisamente, el líder de la lista árabe Ayman Odeh fue quien dio un histórico paso al frente al publicar hace tres días que su coalición recomendaría a Benny Gantz como candidato a formar coalición. “Hemos vivido las elecciones más difíciles desde 1948 en términos de incitación contra los ciudadanos árabes de Israel, nos han arrinconado como a un grupo sin legitimidad en la política israelí”, declaró Odeh. Y para justificar el apoyo a un líder judío israelí sionista tras 27 años sin hacerlo, añadió: “lo fundamental es expulsar a Benjamin Netanyahu del poder”.

Su compañero Ahmad Tibi dijo que el movimiento se produjo a pesar de las suspicacias que levanta Gantz, el general que comandó la guerra de Gaza en 2014. Fruto de los desencuentros internos, los tres diputados de la facción más radical Balad aclararon que no darán su voto al líder de Azul y Blanco. “No le apoyaremos debido a su ideología sionista, sus posiciones derechistas no muy distintas a las del Likud y su agresivo currículum militar”, apuntó la facción árabe. El voto árabe subió cerca de un 20% respecto a la ronda de abril, probablemente impulsado por la campaña de incitación del Likud, y ha convertido a su coalición en tercera fuerza en el parlamento.

Y Netanyahu no dejó escapar la oportunidad. Siguiendo sus repetitivas alertas en campaña alertando de que Gantz traería consigo un gobierno de “izquierda débil con apoyo de los árabes”, declaró: “ciudadanos de Israel. Está pasando justamente lo que predije. La Lista Árabe Unida recomienda a Gantz”, dijo en un video de Facebook. Y planteó dos caminos: “un gobierno en minoría apoyado en aquellos que rechazan a Israel como un estado judío y democrático y glorifican a terroristas que matan soldados y civiles, o un gobierno amplio de unidad. Haré todo lo posible por ésta opción”.