¿Intentó Lubitz aterrizar en una pista de los Alpes?

Fuentes alemanas creen que pudo tratar de demostrar su destreza a los mandos

Tan sólo dos días después del fatídico accidente en los Alpes, la Fiscalía gala dio por válida la hipótesis de que el copiloto de Germanwings, Andreas Lubitz, estrelló deliberadamente el avión que partió de Barcelona rumbo a Düsseldorf. Desde Alemania, Jorg Handwerg, piloto y portavoz de Vereinigung Cockpit, la asociación de pilotos germana, insistió a este periódico en que era muy pronto para aventurar lo que realmente ocurrió a bordo del vuelo 9525. «Es necesaria la segunda caja negra, gracias a la cual sabremos los datos técnicos de la aeronave. Sin ella no se puede llegar a conclusiones», advirtió Handwerg. Un piloto de Lufthansa, que prefirió mantenerse en el anonimato, indicó a LA RAZÓN que Lubitz podría haber intentado aterrizar el avión. «Estaba descendiendo tanto en altitud como en velocidad». Si preparó el tren de aterrizaje y los datos específicos de la trayectoria, velocidad y posición del avión, se registró en la FDR, aún no hallada en Francia.

Los conocidos de Lubitz reconocen que el joven de 27 años era tímido y retraído, pero que nunca haría daño a nadie. «No me creo a la Fiscalía gala. Lubitz no puede ser un asesino de masas», reconoció el fin de semana Johannes, su vecino en el hogar paterno en Montabaur. Un hecho incuestionable es que Lubitz tenía problemas mentales. Visitaba el Policlínico Universitario de Düsseldorf y le recetaban fármacos. Hasta Lufthansa sabía que el copiloto dejó su entrenamiento en su escuela de aviación «por un episodio de depresión severa». Sin embargo, psicólogos y psiquiatras han advertido que estar deprimido no es sinónimo de matanza. El profesor Simon Wessely, presidente del Real Colegio de Psiquiatras británico, explicó a «The Guardian» que no hay que estigmatizar la enfermedad. «Estamos muy preocupados, pues no hay una conexión entre la depresión y un suicidio agresivo, si es lo que ocurrió», dijo.

Otra de las verdades fehacientes es que la gran pasión de Lubitz era volar. Su sueño era ser piloto de largo recorrido en Lufthansa, algo que se había truncado porque dos doctores –según la novia del copiloto– le habían considerado no apto para volar. La Fiscalía germana encontró una baja médica en su piso, hecha pedazos. Aquel martes 24, Lubitz no tendría que haber ido a trabajar y el copiloto temía que por sus problemas mentales le retiraran definitivamente su licencia, algo muy plausible. Por tanto, surge la duda de si ese vuelo era para Lubitz su última hazaña antes de retirarse para siempre de las aerolíneas. ¿Quiso aterrizar en el aeródromo de Sisteron para demostrar su valía como piloto? Su padre le llevó allí por primera vez en el verano de 1996, cuando era tan sólo un niño. Volvieron varias veces hasta 2003, se alojaban en el camping y siempre acudían al aeródromo. En Sisteron, a unos 40 km de donde se estrelló el avión, descubrió su pasión por volar. Sabía perfectamente dónde se encontraba. El avión chocó con el ala derecha contra la montaña antes del impacto final. Lubitz murió con la mascarilla de oxígeno puesta. «Si se trataba de un suicidio, ¿por qué no aumentó la velocidad?», ilustra el piloto germano anónimo.