La UE cierra filas ante las negociaciones del Brexit

Los líderes de los Veintisiete aprueban por unanimidad en Bruselas las directrices que defenderán frente a Londres en las conversaciones de divorcio.

La canciller alemana, Angela Merkel y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
La canciller alemana, Angela Merkel y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Los líderes de los Veintisiete aprueban por unanimidad en Bruselas las directrices que defenderán frente a Londres en las conversaciones de divorcio.

Ha sido una coreografía perfecta. Los Veintisiete se reunieron ayer en Bruselas en una cumbre al máximo nivel de jefes de Estado y de Gobierno para, una vez más, conjurarse contra el Brexit haciendo gala de una unidad que incluso sorprende a sus líderes. Ha sido el primer encuentro formal desde que la «premier» británica, Theresa May, iniciara la cuenta atrás para la desconexión y, de momento, no hay grietas en esa unanimidad que los Veintisiete proclaman una y otra vez sin tregua. El propio Juncker aseguró estar «impresionado» ante «una ambición genuina» que va más allá de una «fachada» y que los Veintisiete intentarán mantener durante todo el proceso, ante el temor de que Londres consiga tarde o temprano dividir y, por lo tanto, vencer. De momento, tampoco existe demasiada preocupación por la convocatoria de elecciones el 8 de junio, un asunto que los Veintisiete califican como interno y que no retrasará las negociaciones más allá de dos o tres semanas.

Las líneas maestras redactadas por el presidente del Consejo, Donald Tusk, fueron validadas sin debate apenas unos minutos después del comienzo del encuentro. «Nos han sobrado reuniones», reconocían fuentes diplomáticas antes de la cumbre, gracias al trabajo de equipo del Consejo y la falta de disensiones.

Ese dique de contención que los Veintisiete han levantado antes de entrar en la arena de las negociaciones será necesario antes de entrar en una batalla de resultados impredecibles. En las últimas semanas, se han multiplicado los encuentros entre mandatarios europeos y Downing Street. La última reunión tuvo lugar el miércoles entre May y el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el negociador jefe del Ejecutivo comunitario, Michel Barnier. No ha trascendido apenas información oficial de este encuentro, pero en los pasillos comunitarios se reconoce que el resultado no pudo ser peor ante una May que sigue dando por sentado que los Veintisiete acabarán doblegándose a un acuerdo a la carta.

Un día después, Angela Merkel, volvió a mostrar una posición de fuerza en el Bundestag al advertir a los ciudadanos británicos de no hacerse «ilusiones» sobre los resultados del divorcio. Dentro de la estrategia de tensar la cuerda sin romperla, las palabras de ayer de la canciller volvieron a apostar por bajar el tono y velar las armas antes de la contienda. «No hay ninguna conspiración contra Reino Unido», aseguró Merkel, a la vez que defendía la necesidad de los Veintisiete de marcar una posición común ante Londres. «Alguna gente en Reino Unido no ha entendido bien. Nosotros tenemos que aceptar el resultado del referéndum, el cual lamento. Queremos negociar en un espíritu de amistad», explicó a la Prensa.

A pesar de que la cuenta atrás antes de los próximo comicios en Alemania han sumido de facto al proyecto europeo en una suerte de calma chicha, la canciller también aprovechó la ocasión para reivindicar su liderazgo y defender que el divorcio británico no puede acaparar los desvelos de los Veintisiete. «El Brexit no debe alejarnos de nuestra labor de moldear nuestro futuro. Debemos cuidar nuestras relaciones con China, Turquía o EE UU», explicó Merkel el día en que se cumplían los primeros 100 días de Donald Trump en la Casa Blanca.

Independientemente de las disquisiciones sobre Brexit duro o blando, las líneas maestras apoyadas ya de manera oficial por las capitales europeas apuestan por no simultanear las negociaciones de salida con el futuro acuerdo de relación entre la Unión Europea y Bruselas; pedir salvaguardas recíprocas en el caso de los ciudadanos comunitarios que viven en Reino Unido y viceversa; atajar cuanto antes el problema de la factura de salida del divorcio y encontrar una solución imaginativa al Ulster para impedir que haya de nuevo una frontera dura entre ambos territorios. Sólo cuando estos tres temas se hayan solventado, podrán comenzar las conversaciones informales sobre cuál puede ser el estatus de Londres respecto a sus todavía socios europeos. Según el acuerdo de los Veintisiete, deberá haber progresos «sustanciales» para llegar a esta segunda fase y las capitales europeas deberán llegar a un acuerdo de manera unánime.

En cuanto a los derechos de los ciudadanos europeos, la Comisión Europea ha elaborado una lista «de derechos y beneficios» que quiere garantizar a los afectados por el Brexit y, por eso, espera que Londres ofrezca «verdaderas garantías» de reciprocidad en palabras de Juncker. Fuentes diplomáticas explican la desconfianza que existe en las capitales europeas ante la dificultad de Reino Unido de cuantificar a sus residentes (no existe documento nacional de identidad), aunque confían en que el mutuo interés no suponga un gran escollo.

La decisión sobre dónde se mudarán las dos actuales agencias que Reino Unido alberga en su territorio (Agencia Europea del Medicamento y Agencia Bancaria Europea) llegará en otoño. Antes, en junio, los líderes europeos deberán ponerse de acuerdo sobre los criterios para la elección. España ha presentado la candidatura de Barcelona en el caso de la primera agencia y confía en que el pujante sector farmacéutico y la gran calidad del sistema sanitario sea una de las bazas importantes a favor de España. En contra de nuestro país, juega el factor de que ya hay cinco agencias radicadas en nuestro territorio mientras que varios países no cuentan con ninguna.

En el mes de junio llegará el momento de saber quién gana la partida. España prefiere los criterios técnicos frente a los políticos, utilizados por aquellas capitales que todavía no cuentan con esta presencia, aunque dispongan de una logística menos avanzada y menores intereses en el sector.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se mostró dispuesto a «dar la batalla» a la vez que reconocía que «la estabilidad institucional es un factor muy importante y siempre va operar a favor» ante la pregunta de si el proceso independentista catalán puede ir en contra de la candidatura de Barcelona.